El desarrollo de las distintas etapas de los tres primeros niveles (raíces, tronco y ramas) genera los cimientos para abrir el potencial de la segunda caldera de la mente altruista.

El practicante desarrolla una serie de habilidades que producen una mayor capacidad para enfrentarse a los desafíos de la vida, así como una mayor fluidez para establecer y lograr metas en las que todos salimos ganando y nadie sale perdiendo. El gran desafío de la primera caldera es llegar al punto en que, sin dudas algunas, nos damos cuenta que nuestra felicidad no se puede lograr ignorando la felicidad y bienestar de todos los seres que nos rodean.

El integrar en nuestras mentes que hay una dirección en la vida a seguir y que esa dirección se realiza desarrollando el potencial de las tres calderas, es lo que se va logrando con las tres primeras etapas del Árbol de las Prácticas. Uno de los resultados de encaminarse en la vida es la transformación de tensión psíquica en alta vitalidad. Cuando la Esencia (Jing) finalmente logra adquirir una dirección ascendente, se acaba el agotamiento, el cansancio y la falta de ánimo, porque la alquimia de transformar la Esencia en Vitalidad (Qi) se está llevando a cabo. Orientarse en la vida no es algo abstracto o una idea bonita, es una realidad energética que se logra con el sostenido esfuerzo de abrir las tres calderas.

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