“En la conciencia popular, del grupo, va perdiendo importancia lo que en la era anterior fue la cumbre de la sociedad humana: en la primera fue el yogui, en la segunda, el sacerdote y en la tercera, el guerrero. Lo que pasa ahora es que el modelo anterior se desplaza a un segundo plano. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial el guerrero tomó el lugar de predominio, todos los recursos fueron a ellos y salvaron a la sociedad de los nazis y todo aquello, ¿no? Pero en cuanto terminó la guerra, se acabó. Por otra parte, los yoguis han seguido siempre practicando sus yogas, pero no ocupan un lugar primordial; los chicos en la escuela no quieren hacerse yoguis, ni tampoco sacerdotes…

Entonces, claro, la era actual está dominada por los comerciantes. Por ejemplo, si en la televisión aparece el general nosequién que está luchando en Irak o en no sé qué sitio, puede ser interesante para el público, pero si aparece Bill Gates, el hombre más rico del mundo, y opina sobre algo, todo el mundo se detiene a escuchar

Sentado en el lugar de costumbre y a la hora acordada esperando a Juan para ir al restaurante habitual, me encontré, para mi sorpresa, con Guillermo Leyva, que había venido a comer con nosotros. Al parecer había quedado con Juan porque nos iba a abrir el centro donde imparte clases de Tai Chi y Chi Kung para que pudiésemos grabar la charla de aquel día, con toda tranquilidad y comodidad, resguardados de un frío que aún correspondía con el invierno meteorológico barcelonés. Todo un favor, porque ya se sabe que con estos tiempos que corren hasta el clima cambia muy rápido… quizá demasiado.
Y es que seguro que a cualquiera que paremos por la calle y le preguntemos cómo definiría la época actual nos responderá con algo referente a la falta de tiempo para hacer las cosas o la velocidad que lleva todo… siempre y cuando se detenga para responder, porque siempre llevamos la prisa en el cuerpo. Y estoy hablando de un cualquiera en la calle, no de alguien que se interesa por el desarrollo de la conciencia y se cree, en según qué ocasiones, que por el mero hecho de coleccionar cursos con según que maestros y profesores, ya es alguien diferente o superior al resto de los mortales, cuando en muchos casos el supuesto practicante no es más que la fragmentación de dos personalidades (o más) en una sola persona: la que engulle, pero no digiere, las diferentes técnicas de los cursos a los que asiste y de los libros que devora y la que sufre en silencio el no poder ponerse realmente a practicar y estudiar lo adquirido y se hunde progresivamente en una miseria espiritual. En fin, un drama. Supongo que por eso le pidieron a Juan que tratase el tema de la era actual, para ver qué podemos hacer entre tanto vaivén cotidiano, tanta moda pasajera, tanta tecnología estúpidamente innecesaria, tanta borrachera de información y, en definitiva, tanta saturación de los sentidos.

Aún se me esboza una media sonrisa al recordar una pintada que un día leí en un muro, que citaba al inigualable Groucho Marx, y que podría resumir el estado mental de bastantes personas en la actualidad. Decía así: «PARAD EL MUNDO QUE ME BAJO». Creo que sobran los comentarios.
Como decía al principio, el bueno de Guillermo nos dejó el espacio adecuado para grabar una entrevista que, dadas las circunstancias favorables, acabó siendo más extensa que de costumbre, pero no menos interesante. Y si no, leed lo que sigue y juzgad vosotros mismos.

Bueno Pere, las entrevistas anteriores que has escrito aparentemente están siendo de mucha utilidad, y no solamente para la gente que está practicando las cosas del Tao, sino también para personas que están en situaciones de sufrimiento, de dolor, de desesperación… y tenemos amistades que están imprimiendo estas charlas para personas en esas situaciones.
En el retiro de Canarias de este otoño me pidieron que hablásemos de la era actual en la que estábamos viviendo, del ciclo energético, etc. y como había tanto interés, me pidieron que dedicase una charla a este tema para ubicar al individuo en dónde se encuentra, situar un poco las cosas y saber adónde va.
El tema de la era en que estamos viviendo, en todos los grandes sistemas, en China, en la India, en los indígenas americanos como los Hopi y cosas así, los miembros de esa cultura heredan una cosmología, una concepción de cómo funciona el universo, de cómo están estructuradas las cosas, los dioses, los espíritus, etc. pero también heredan un concepto de los ciclos, de cómo se mueve el tiempo.

Es decir, una explicación del origen del universo, general, y después cómo ordenar el tiempo…
tiempo10Exactamente, cómo se mueve el tiempo. Por ejemplo, en nuestra cultura occidental, aunque no se esté muy consciente de ello, la concepción del tiempo es que es lineal, una línea recta que va hacia delante, ¿no? Y eso es un concepto que no es global, pues para culturas como las que hemos mencionado antes el tiempo se mueve en ciclos, es cíclico. No es que se repita de manera idéntica, sino que hay un regreso a cierto modelo energético y después se va desenvolviendo en un ciclo que es muy similar a los anteriores.

Esta memoria y esta concepción de los ciclos ha estado presente en Egipto, Babilonia… en todas las grandes culturas, y muchas de ellas desaparecieron, pero en la India ha perdurado una tradición oral sobre los ciclos, que es la que yo he utilizado ampliada, por así decirlo, con la tradición astronómica de la ciencia occidental.

En la antigüedad se observó que el comportamiento de los seres humanos va sufriendo transformaciones a medida que el tiempo va pasando. El concepto de tiempo, en vez de ser lineal, es decir, desde una Era Dorada que fue degenerando hasta nuestros tiempos, es cíclico; o sea, que se regenera. Este concepto de tiempo cíclico ha sido un elemento base en el trabajo energético, por la simple razón de que si el ser humano no tiene una concepción de que las cosas se regeneran, todo llega a un punto en que es fatal, ¿no? Entonces, claro, uno de los principios básicos de las prácticas energéticas es que existe la posibilidad de cambiar las cosas y mejorarlas. Si el practicante no tiene esa idea presente, ¿para qué practicar? ¿por deporte? Por eso el concepto de ciclo es esencial en el trabajo energético y para la mente del practicante. Y en esta charla lo que queremos es aclarar cómo ese concepto encaja en la vida cotidiana.

El hecho de que los seres humanos vayamos experimentando transformaciones de comportamiento los unos con los otros y con la Tierra tiene que ver con energías que nos están afectando, con energías que afectan nuestra conciencia. Desde una gran antigüedad, los seres humanos siempre han observado las estrellas, los planetas, la Luna y el Sol. Debemos tener en cuenta que en esos períodos y en una gran parte de la historia, los seres humanos han estado más expuestos a la naturaleza, no han vivido tanto dentro de las casas, como hacemos ahora. Y las estaciones del año y el clima han tenido un efecto muy directo en las cosechas, en la manera de actuar, en los ritos y en las ceremonias.

Se observó, por ejemplo, que la posición de las estrellas, de las constelaciones que puedan ser importantes para una cultura va cambiando con el tiempo. Por tanto, no sólo está el ciclo del año, en el que uno va notando que el sol va saliendo en diferentes partes del horizonte en relación a la estación correspondiente, sino que también hay ciclos que son mucho más amplios. Uno de los que se observó en la antigüedad es lo que la ciencia astronómica moderna llama «precesión de los equinoccios». La precesión tiene que ver con el eje o canal central de nuestra Tierra, que apunta desde el polo norte hacia ciertas regiones del espacio, y es lo que hace que, por ejemplo, en nuestra era actual tengamos una estrella polar. La estrella polar es la que está orientada casi al cien por cien con respecto al eje central del planeta, y desde nuestra perspectiva terrestre da la sensación de que no se mueve y de que todas las constelaciones giran a su alrededor. Los antepasados observaron que había una estrella que jugaba el papel de la estrella polar, pero sabían que aquella estrella no era permanente, sino que iba cambiando con el tiempo. No es un cambio rápido, sino lento, pues sólo se mueve un grado cada 72 años. Se observó que aproximadamente 25.000 años es lo que tardaría una estrella polar en hacer una rotación sobre el eje terrestre y regresar al punto original.
amanecerEste proceso ha interesado siempre a astrólogos y astrónomos de diversas épocas, ya que antes astronomía y astrología eran la misma ciencia, porque los seres humanos conectaron la conciencia, que uno experimenta, con luz, porque la conciencia es luminosa, y por lo tanto la fuente de luz, realmente, para nosotros los humanos son las estrellas. Por eso todo el tema en torno a la conciencia ha estado muy conectado con el cielo. La dimensión celeste en la actualidad es algo a lo que no le damos importancia, a no ser que esté lloviendo mucho, y es una dimensión de la que el ser humano contemporáneo es prácticamente ignorante. Ése no ha sido siempre el caso en la historia; más bien al contrario: la dimensión celeste se ha considerado una dimensión divina, no ha sido vista como algo mecánico, inerte, como ahora. Pero, ¿divina por qué? Porque se sabía que la luz que está radiando de ese número infinito de estrellas tiene algo que ver con la conciencia de los seres humanos y con la conciencia de todos lo seres que estamos acá compartiendo el espacio terrestre.

Por tanto, cielo, estrellas y conciencia humana han estado conectados entre sí. Entonces, el eje terrestre que apunta hacia el espacio, el canal central de la Tierra, está recibiendo energía de esa región del espacio y no de otra. Las diferentes tradiciones han ido conectando después de varios períodos de observación, tal vez de miles de años o de varios siglos de precesión, es decir, después de 50.000 años, 75.000, 100.000, y hay ciertos cambios en el comportamiento y en la conciencia del ser humano a medida que el ciclo de precesión va tomando lugar. Esto se encuentra en tradiciones de Babilonia, Egipto, China, India y de los indígenas Hopi de Estados Unidos.

Ese ciclo de precesión también ha sido estudiado con cuidado por astrólogos y en la India, especialmente, hay memoria de varios de esos ciclos de precesión. Los hopi, por su parte, mencionan que tienen tradición oral de por lo menos tres ciclos de lo que ellos llaman «La Gran Limpieza». En la India se observó que hay cuatro diferentes fases muy distintas dentro de un ciclo de precesión de 25.000 años, fases que durarían unos 6.000 años y pico cada una. Cuando decimos estas cifras no es que sea esto matemático, que cambie de la noche a la mañana, sino algo aproximado.

En esas cuatro fases hay un período que a veces se le ha llamado «La Era Dorada» en el cual el ser humano y la sociedad en que se desenvuelve colocan en el lugar primordial, como lo más importante, necesario e imprescindible en la vida el desarrollo personal, el desarrollo de la conciencia. En la Era Dorada, que es cuando el eje terrestre apunta hacia la zona de las constelación que ahora llamamos la Lira, que tiene la estrella Vega (conectada en la prácticas del Tao con los ritmos), en la tradición india se menciona que el ser humano da la mayor importancia a las prácticas meditativas. Quiere decir que, primero que nada, hay un concepto de que el ser humano es capaz de evolucionar hacia algo superior y mejor. Es un concepto bastante abstracto, ¿no? Ya en esa Era Dorada existe clarísimamente la idea de que es posible la evolución, y de que esa evolución se puede lograr a través de esfuerzo personal, que no es por una bendición o una sustancia que aparezca en la montaña sagrada o algo así. Esa claridad de conciencia y de propósito es parte de esa fase de la historia humana. Las prácticas meditativas, por tanto, son a las que mayor énfasis se da. Esto significa también que el individuo y la sociedad de esa era es tal que permite que la meditación se pueda hacer. Porque, por ejemplo, nosotros que nos movemos en los círculos de trabajo energético sabemos que la meditación es algo magnífico de hacer, pero no tenemos el tiempo disponible, ¿por qué? Porque la mayor parte de las horas que estamos despiertos estamos como los pollos y las gallinas, buscando la manera de obtener sustento. Entonces, claro, la meditación es algo minúsculo. Y si alguien en nuestra era capaz de meditar una hora cada día es algo casi increíble, ¿verdad?

Lo que decimos, entonces, es que en la Era Dorada, la sociedad humana está estructurada al revés de la actual: el espacio, la apreciación de lo valioso que es… todo apoya ese proceso. Y lo que es más importante: el individuo también sabe que tiene poderes, habilidades, recursos que está utilizando a través de esfuerzo personal. Es posible también que el nivel de conflicto que caracteriza nuestra era actual, que veremos un poco más adelante, sea mínimo o no exista en la Era Dorada. Si nuestro eje terrestre apunta al parecer a esa región del espacio donde se encuentra la constelación de la Lira y la estrella Vega, relacionada en el Tao, como hemos dicho con los ritmos, es que posiblemente exista una energía rítmica, musical, y la música unifica. Es curioso comprobar ver cómo cualquier música, sea de donde sea, nos unifica, nos emociona o nos hace bailar. Los ritmos unifican, armonizan. Por tanto, es posible que, de entre otras muchas características que seguramente desconocemos de la Era Dorada, es que predomina una fuerte energía de la unidad, y es la que permite esa cohesividad que es necesaria para desarrollar las prácticas meditativas y darles durabilidad.
Esa Era Dorada de prácticas meditativas gradualmente, a medida que se va desplazando el eje terrestre, vamos entrando en una era en la cual van apareciendo los sacerdotes o las sacerdotisas, es decir, especialistas que son los que saben cómo establecer contacto con lo superior, lo divino…

Los intermediarios.

Exactamente, aparecen los intermediarios y en la conciencia de la mayoría de personas surge la idea de que se es incapaz de producir los cambios necesarios para lograr los procesos evolutivos y que es necesario un especialista que lo haga por ellos, porque no se creen capacitados.
babilonioEmpieza a nublarse la conciencia humana conforme empieza esta era de los especialistas rituales, hombres o mujeres, no importa. Va apareciendo la idea de que no tenemos ciertos poderes. En esa era, esos especialistas se encargan de hacer ceremoniales, y ellos se encargan de administrar los sacrificios. La característica de esta segunda era son los sacrificios. Esto quiere decir que uno ofrece algo valioso, no tiene por qué ser siempre una vida humana o animal, sino donar algo, hacer algo importante para provocar una reacción. El principio acción-reacción comienza a predominar en la manera de pensar y el que administra ese proceso de acción-reacción es el especialista espiritual, el sacerdote o la sacerdotisa. Lo que caracteriza esa segunda era es la mentalidad de sacrificio: hacer un esfuerzo supremo para recibir algo.

Cuando uno visita, por ejemplo, Egipto y va a los templos antiguos notará que el 99 por ciento de los relieves que aún quedan demuestran ese proceso: Faraón, que es el intermediario humano, ofrece algo a la dimensión de los dioses: perfumes, frutas, flores a un principio divino, para recibir una reacción. Y es que los templos egipcios parecen haber cuajado en sus relieves esa era.
También en el I Ching, que es el manual que utilizamos en las prácticas del Tao para trabajar con la fuerza vital, está ese principio, en el hexagrama 16, que se llama «El Entusiasmo». Se dice que los practicantes están ofreciendo una música fenomenal para invitar a que los ancestros estén aquí presentes. Por lo tanto, el texto del I Ching también está cuajando esa era de los sacrificios.

En esta era se desarrollan todo tipo de prácticas, técnicas y rituales complicadísimos para contactar con los principios divinos, y con el paso del tiempo va apareciendo otra era en la que, aunque perduran los especialistas, se da más importancia a la ceremonia en sí. Ya no es tan importante la idea de una ofrenda, sino todo el proceso para preparar el rito. Con la complejidad de requisitos para ofrecer una ceremonia a lo divino, el individuo ordinario se distancia aún más del especialista. Las ceremonias se van convirtiendo en el eje para el desarrollo espiritual o para contactar con lo superior. Antes fue el sacrificio; ahora se buscan minuciosamente todos los elementos propicios para crear una reacción determinada. El ser humano, por tanto, aún se distancia más de su propio poder interno.

Hasta ahora, hemos visto que en cada período los personajes que predominan son diferentes: si en la Era Dorada era el practicante, el yogui, en la siguiente es el sacerdote o la sacerdotisa, el especialista; en la era de los ceremoniales ya no es tan importante el intermediario, que aún persiste, sino que en una época de conflictos, fruto de la separación paulatina del individuo con respecto a lo divino y a sus propias capacidades, la sociedad requiere que aparezca otro tipo de especialista, el militar, que se encarga de proteger a esa sociedad con su estructura y sus rituales; su manera de contactar a los dioses, su manera de llevar un calendario ritual, para protegerla del ataque de otro grupo.

El lugar principal es el del defensor, que aquí en Europa fue representado por las diferentes Órdenes de Caballería: cruzados, templarios, teutónicos, etc., y en el otro lado del mundo, en Japón, tuvo su máximo exponente con los samuráis. Es un modelo masculino, militar, marcial, que es el que se convierte en el más elevado de la sociedad. En Japón, el ideal del samurái, el bushido, con una integridad de carácter y un código de honor impecables. Esta integridad existe mediante una disciplina que no es flexible sino marcial, aunque aquí en Europa también se trabaja la energía del corazón, pues está la dama o amada del Amor Cortés, pero siempre desde la perspectiva del defensor.

El sacerdote aquí ya es secundario: realiza las ceremonias para que su grupo gane la batalla, pero quien sale a dar la cara al enemigo no es él, sino un experto militar. Por tanto, el modelo marcial es el que rige esta tercera era. La palabra dada es sagrada y existe un modo de actuar correctamente, está muy claro, pero sólo es una élite quien lo sigue y lo cumple. Los ideales son los de integridad, honor, justicia, valentía y sacrificio; es decir, hay un cierto trabajo altruista. Aquí en España, si uno investiga el Camino de Santiago, además de encontrarse con toda la práctica del peregrinaje, se dará cuenta de que también está la idea de proteger a los peregrinos para que no les pase nada, y de construirles puentes para que puedan cruzar ríos y cosas así, apoyando un ideal, un trabajo espiritual.

Este modelo, a pesar de que es principalmente masculino, también se da en algunos grupos de mujeres guerreras; aquí en Europa existieron ramas de mujeres templarias, de la misma manera que en Asia y en otros lugares hubo mujeres guerreras, amazonas, etc. En definitiva, el modelo marcial es el que predomina en esta tercera era. Es un modelo que ha continuado, como otras cosas, en la actualidad, y en la política moderna se está intentando restablecer el modelo del gran protector contra el terrorismo global, y por eso pide más recursos del presupuesto anual para más armamento, pero bueno…

Antes de que describas lo que sería la era actual, que es lo que, supongo, a la gente le interesa, por supuesto, quería comentar que, por lo que dices, las tres eras anteriores a la actual siguen subsistiendo de manera más o menos minoritaria hoy en día, y supongo que lo que vas a explicar a continuación es lo que acontece de manera más clara, mayoritaria, ¿verdad?

Sí, en la conciencia popular, del grupo, va perdiendo importancia lo que en la era anterior fue la cumbre de la sociedad humana: en la primera fue el yogui, en la segunda, el sacerdote y en la tercera, el guerrero. Lo que pasa ahora es que el modelo anterior se desplaza a un segundo plano. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial el guerrero tomó el lugar de predominio, todos los recursos fueron a ellos y salvaron a la sociedad de los nazis y todo aquello, ¿no? Pero en cuanto terminó la guerra, se acabó. Por otra parte, los yoguis han seguido siempre practicando sus yogas, pero no ocupan un lugar primordial; los chicos en la escuela no quieren hacerse yoguis, ni tampoco sacerdotes…

Entonces, claro, la era actual está dominada por los comerciantes. Por ejemplo, si en la televisión aparece el general nosequién que está luchando en Irak o en no sé qué sitio, puede ser interesante para el público, pero si aparece Bill Gates, el hombre más rico del mundo, y opina sobre algo, todo el mundo se detiene a escuchar. En esta sociedad contemporánea, y según la conciencia actual, el individuo que ocupa la cumbre no es el yogui, porque está considerado un vago que se está escapando del mundo; tampoco el sacerdote, porque es un desequilibrado social que o está recluido en un monasterio o es un corrupto; tampoco el militar, porque es violento, útil es ciertos momentos, pero un bruto. Pero un comerciante que ha triunfado y domina el mercado global de no sé qué producto y tiene millones y propiedades y coches de todos colores y puede comprar lo que quiera… ése, sin pestañear dos veces, para una gran mayoría de individuos actuales ocupa el lugar de predominio. Y, además, uno observa que no se cuestiona cómo logró ese triunfo; lo que importa es que ocupa ese lugar en la sociedad.

E incluso supongo que debe ser el modelo a seguir, ¿no?
Claro, ahora lo que el individuo quiere es convertirse en un Bill Gates. Cuando ves lo que le ha costado la casa que tiene, la gente se fascina y desea lo mismo. Una vez salió un anuncio en una revista de ordenadores americana, a doble página, que sólo rezaba: «el portátil de Bill Gates» y ya está… Cuando tú veías aquello pensabas en cómo sería y en que sería el mejor portátil del mundo… Es decir, hay un aura de la persona de éxito.

Por lo tanto, en nuestra era el comerciante es el modelo de la sociedad, pero es alguien que busca ganancias sin importar dónde, ¿eh? Quiere decir que hace negocios con cualquiera, puede ser con Hitler, con el Vaticano o con ambos, sin que le importe que su cliente sea inmoral, un bandido, un mafioso… le da igual. Lo único que importa es que el gráfico de la estadística siga subiendo y la cuenta bancaria aumentando.
En la era actual, los valores de integridad, de dar la palabra, de cumplirla, no sirven para nada…

Si no hay un papel con una firma de por medio y un abogado, ¿no?

Claro. Es una era en la cual el sentido comercial predomina, es decir, todo tiene un precio, todo está en venta. El individuo pasa la mayor parte del tiempo buscando dinero, buscando ganarse la vida. El tiempo para meditar, por tanto, es mínimo; de hecho, mucha gente ya es «alérgica» a la meditación con sólo oír la palabra; nadie o casi nadie está interesado en hacerse sacerdote, y lo mismo pasa con los militares. Pero estudiar ciencias empresariales, económicas, derecho, eso sí que atrae el interés masivo.

Me imagino que, siguiendo con este esquema de funcionamiento comercial global, la concepción del tiempo en la era actual debe jugar un papel muy importante, ¿no? Y no me refiero sólo a cómo se percibe, sino a cómo se aprovecha.

Exacto. El individuo tiene poco tiempo o calma mental para meditar. La meditación se convierte en algo de lo más difícil, porque no es algo que se hace en una hora, o tres horas o en un retiro de una semana o de un mes en no sé dónde, sino que es un trabajo cotidiano que debe ocupar la mayor parte del tiempo y eso es imposible actualmente, a no ser que seas alguien con una fortuna heredada o tengas a alguien que te apoye económicamente y te puedas dedicar sólo a eso, pero es una minoría.

El individuo tampoco está interesado en ceremoniales. Si tiene un problema en la vida, ya no le sirve hacer un ceremonial con tantos pasos y sacrificios animales y todo eso, no; hace falta algo más fuerte: un especialista, un neurólogo, un cardiólogo, pero eso de matar a una bestia, no.

En nuestra era actual, una característica principal es que el estado de fragmentación es muy intenso. Todos sabemos bien que cuando el teléfono móvil suena todo se detiene; hay que atender esa llamada, ¿no? Y entonces, claro, el teléfono puede estar sonando cada tres minutos… Es decir, que predomina una conciencia fragmentada: estoy haciendo algo pero a la vez estoy disponible para cuando el teléfono suene, y cuando termine de hablar seguiré con mi tarea, y si no me han distraído, continuaré, pero si me han distraído por la razón que sea, tengo que dedicarme a eso, ¿no?

Es decir, no hay capacidad de focalizar la atención en algo durante cierto tiempo.

No. La Era Dorada, la meditativa, implica la capacidad de enfocarse en un sitio y seguir así sin dispersarse ni distraerse por lo que sea durante horas, días, semanas, meses, lo que sea. Esa cualidad es lo más raro en la conciencia global moderna.

Al individuo de la calle, por tanto, no le es fácil meditar o le es imposible: las condiciones económicas no le apoyan ni las condiciones sociales tampoco. En el trabajo uno no puede decir: «me voy a un retiro durante varios meses».

Lo que se observó en la India sobre esta era es que, como la mente está tan activa y tan distraída, con diálogo interno, imágenes, etc., y el sentido de un yo separado está muy presente debido a la gran fragmentación existente, el ego sólo se «apaga» cuando el individuo duerme y entra en ciertas fases vibratorias de ondas cerebrales delta, pero si no entra en delta, tampoco se apaga…

En la India se menciona que en esta era actual el ego es tan fuerte que incluso los iluminados de esta era no son capaces de apagarlo permanentemente, sólo temporalmente. Pero, vaya, para funcionar en esta era hace falta un ego.

Entonces, ¿qué tipo de prácticas serían las adecuadas en este momento?

Con una mente tan ocupada y activa y con la enorme dificultad de poder calmarla, las prácticas energéticas van por el camino de aprovechar esa mente ocupada y activa. Por eso lo que se recomienda para esta era actual son los mantras: frases, sonidos que se pronuncian o se piensan, aprovechando esa mente activa y agitada, y que están sintonizando esa conciencia a un nivel vibratorio superior al de una charla ordinaria basada en las emociones positivas y negativas o en el «quiero» y el «no quiero», el rechazar o el atraer.

Recapitulando, podríamos decir que las características principales de esta era son, por tanto, la fragmentación, la distracción y la falta de espacio personal, ¿no? Pues supongo que todo eso conlleva un estado de salud precario…

Efectivamente. La salud está basada en la integridad; el estado de salud es un equilibrio en el que predomina más la energía de cohesividad que mantiene la estructura que la que dispersa y fragmenta la estructura. Si en un organismo predomina la energía que fragmenta, enferma, decae y muere. Por eso mantenemos la salud siempre que haya un predominio de la energía cohesiva.

Entonces, como la energía de fragmentación es tan intensa en la actualidad, el nivel de salud de una gran parte de los seres que compartimos este espacio, no sólo humanos, sino también árboles, animales, plantas, es bajo: plantas enfermas, especies animales desapareciendo, seres humanos con todo tipo de enfermedades, etc. ¿Por qué? Porque cada vez más está predominando la energía de fragmentación.

El individuo actual requiere, para mantenerse vivo y desarrollarse, prácticas que le den cohesividad y esa cohesividad comienza al nivel de la conciencia. Por eso lo que es recomendable son los mantras (la palabra man significa «mente» y tra «instrumento») porque es una práctica que reestructura la mente de ese individuo. Lo reestructura a nivel de unidad, es decir, que en vez que predominen diálogos mentales descriptivos de todo tipo, que fragmentan y generan emociones negativas y positivas, lo que predomina es un sonido o una serie de sonidos repetitivos, que son los mantras, que están afectando ciertos meridianos, ciertos chakras, ciertos puntos energéticos, con una cierta frecuencia. Entonces, la persona, sin darse cuenta, en la era de la dispersión y la fragmentación, está fomentando la energía de enfocarse en una sola cosa y mantenerse en ella, y lo está haciendo con la mente ocupada, pero a través de sonidos.

Por eso las prácticas vibratorias son las que más nos atraen en esta era. Pueden ser prácticas con sonidos, o con aromas que actúan instantáneamente y afectan las glándulas maestras haciéndolas vibrar a un nivel superior. Los mantras funcionan igual: en el momento en el que se instalan en la conciencia, detienen los pensamientos, las charlas, las críticas, etc. y centran esa conciencia. También nos interesan en esta era, o nos gustan y nos atraen, o tienen sentido, las prácticas de transmisión de vibración; un sanador que te toca en no sé qué sitio y hace desaparecer ese síntoma.

Tipo reiki, pranic healing o jin shin jyutsu, ¿no?

Algo así. Las terapias vibratorias, de masajes, de transmisión, de contacto físico o a distancia nos atraen. ¿Por qué? Porque son rápidas, funcionan instantáneamente y eso las hace atractivas en esta era. El individuo de esta era va deprisa y no tiene suficiente paciencia o poder de enfoque para mantenerse en algo durante tiempo; tiene que se algo rápido, incluso la sanación. No le atrae realmente un retiro de ocho meses sentado y meditando ocho o nueve horas al día, ¿eh? Puede que le guste la idea, pero a la hora de hacerlo es muy difícil o no se ve capaz.

Otra cosa a tener en cuenta es que esta era es muy rápida, pero lo es para lo malo y para lo bueno. Como es una era de fragmentación, lo que quiere decir que las estructuras están perdiendo su cohesividad, es una energía que en su aspecto positivo es magnífica, ideal, para liberarse de estructuras, tendencias, emociones o situaciones negativas. En definitiva, es un momento idóneo para acelerar los procesos evolutivos, para dejar atrás tendencias y puntos de vista limitados, rigideces mentales, etc. La velocidad de esta era tiene un aspecto positivo que es que, tal vez, juegue un papel en el hecho de que la hayamos escogido para estar aquí.

El proceso de cambio se intensifica en esta cuarta era. Siempre ha tenido lugar, pero no con la misma fluidez.

Pero se intensifica por eso, por la velocidad, ¿quizás?

Por la energía de fragmentación que predomina. Entonces, claro, ninguna estructura dura demasiado. Como cambia todo tan rápido, las estructuras no duran. Pero para lo negativo y para lo positivo.

Y, ¿qué puede hacer la persona de esta era para «maniobrar» en semejantes condiciones?

Para que el individuo de esta era sea capaz de funcionar adecuadamente bajo esta situación, hace falta que sepa que el proceso de desarrollo humano, a todos los niveles (físico, emocional, mental y espiritual), tiene lugar cuando el individuo dirige su atención, su poder de enfoque, su perseverancia y su intención hacia dentro de sí mismo. ¿Para qué? Para ubicarse en un punto. Entonces, podemos decir que la fórmula para actuar no solamente en esta era, sino ante todo tipo de cambios, es que el individuo sea capaz de mantener un punto fijo, inalterable, que lo mantiene con intención, perseverancia… no hace falta que lo haga con esfuerzo y violencia, sino sonriendo. Pero esa habilidad se puede lograr de diferente forma, según la era: en la Era Dorada, sentado en meditación y enfocando en algún punto interno; en la era de sacrificios, enfocado en lo divino, que está ahí afuera y hago mi ofrenda, pero me enfoco en un punto, en algo superior, más allá de mí, trascendente, y hacia allá oriento mi intención; en la era de los ceremoniales es igual: me enfoco en cierta ceremonia porque quiero lograr algo. En esta era actual, en la que la mente está tan distraída y ocupada, puede lograrse enfocándose en una sola cosa ¿Cómo? Con un solo sonido, una sola idea, que puede ser un mantra o una repetición o una imagen, aunque el sonido puede ser más fácil porque es una vibración que está ahí constantemente. Pero es importante que el individuo sepa que esta era en la que todo tiene apariencia de ser caótico, su potencial de desarrollo no ha disminuido; ni disminuye ni aumenta, se ha acelerado porque todo cambia muy rápido.

Lo que el andaba buscando el yogui en la Era Dorada era cambio, al igual que el individuo de la era de los sacrificios y de las ceremonias, y en esta era actual los procesos de cambio son aceleradísimos, pero el potencial continúa inalterable. Eso que tiene uno adentro es fijo, digamos, continúa ahí, no está menos presente que en otra era anterior. Lo único que cambia es la manera en que desarrollamos nuestro potencial, el medio por el cual lo hacemos.

Esto es muy importante saberlo, porque tal vez un practicante de esta era está insistiendo o se siente mal por no poder meditar.

Ya, se siente como culpable de no poder hacerlo…

O de no tener tiempo para ello, o piensa que lo aprendió en un cursillo con el guru nosequién y no lo está logrando, y se está flagelando por gusto, simplemente por no ubicarse adecuadamente en qué es lo necesario para esta era. Si está lloviendo, hace falta un paraguas, ¿no? Por eso importante que el individuo se ubique y sepa qué es necesario en el momento actual para su desarrollo personal, que continúa ahí disponible, igual que siempre.

Esto supongo que debe de ser algo bastante común, ¿no? La gente va a los cursos y piensa «he aprendido mucho, me ha gustado mucho la técnica tal con el maestro cual» y luego vuelve a casa y empiezan a pasar los días, las semanas, los meses y después se pregunta «¿cuándo me puedo poner a practicar esa técnica?» Y, claro, te va creciendo el sentimiento de culpabilidad hasta que llega un momento que dices «¡Uf, no puedo más!».

Te sientes culpable y ahora comienza la baja autoestima…

Claro, pero también creo que o te acabas adaptando un poco a tu estructura semanal para ver dónde puedes «encajar» las prácticas o entonces seguro que vas a acabar muy mal… Porque si no, se va a crear una especie de esquizofrenia entre lo que has aprendido y lo que estás haciendo cada día, ¿no?

Claro. La característica de la fragmentación está ahí. Y uno cuando empieza a fragmentarse, se fragmenta en dos, pero no es en dos, sino en muchos. Por ejemplo, los entretenimientos que nos atraen, tal teatro, tal película, en realidad es más fragmentación, que da placer, pero fragmentación al fin y al cabo; tengo que salir de algo para meterme en eso.
Es muy importante que el individuo sepa que las prácticas de los sistemas tradicionales hay que adaptarlas al momento presente. Yo me puedo leer la biografía del yogui nosequién del siglo X y sentirme mal porque no puedo hacer lo mismo. No se puede comparar el siglo X al XIX: hay ondas de radio y de todo tipo circulando por ahí, el aire es diferente, los alimentos también…
Es importante que el individuo no se contamine de energía de culpabilidad o de que está fuera de sitio o que no puede lograr las cosas. La práctica realmente va en ese ambiente de confusión, de cambios, de fluidez rapidísima, de caos, porque es la estructura actual. Paradójicamente, la estructura de cambio constante es la estructura estable de esta era, y no podemos ansiar ni siquiera la vida de hace cien años.
Por eso el individuo debe ubicarse en la era actual, en la que el cambio intenso es la estructura permanente y ahí se desenvuelve y aprovecha ese cambio constante para poder eliminar elementos negativos de la personalidad, en lugar de sufrir por ello.

Realmente aquí la metáfora del río se aplica: sigues la corriente porque no puedes ponerte en contra, a menos que seas un salmón, y tampoco dura mucho… O sea, lo que vale es lo que dices, fluir con la corriente.

Exacto. El proceso de cambio es algo que el individuo contemporáneo tiene que tener en cuenta y mantenerlo en el centro de su conciencia como un proceso que es intensamente creativo y productivo, porque el proceso por el cual hemos venido acá a esta Tierra. Lo que caracteriza a la dimensión física en la cual estamos es que tiene tiempo y espacio y ¿qué se hace con tiempo y espacio? Cambios. Ésta es la dimensión en la que son posibles los cambios. En otras dimensiones en las que no existen ni tiempo ni espacio el cambio no es posible. Una característica por la que hemos encarnado aquí en la Tierra es para aprovechar especialmente la energía de los cambios. Por tanto, es contradictorio que encarnemos en una era de cambios intensísimos pero nos consideremos desafortunados porque todo esté cambiando tan rápido; hemos venido aquí justamente para esto.

Supongo porque el mismo fenómeno del cambio se puede percibir de dos maneras: como problema o como oportunidad.

Eso es. Estamos describiendo las diferentes eras para que uno se dé cuenta también de las prácticas que se han desarrollado en cada una de ellas. A veces, cuando uno estudia con alguien de un sistema tradicional, se presenta como modelo de actuación el de otra era diferente, puesto que el sistema es milenario, pero hay que adaptarlo al momento presente.
trestesorosLo curioso de lo que dices es que cuando echamos mano siempre de todas estas tradiciones antiguas, muchas las cuales seguramente provienen de la Era Dorada o son vestigios de lo que quedó de aquella época, y pesar de todo lo que ha ocurrido en la historia humana, se puedan todavía recoger algunas cosillas de aquella era y adaptarlas a nuestro tiempo.

Sí. Recuerdo una publicación en castellano, Tratado de medicina y alquimia taoísta, de lo primero que se tradujo sobre textos antiguos, que habla de la órbita microcósmica, y después de describir los múltiples beneficios de su práctica se comenta que se tardan treinta años en abrirla. Cuando leímos aquello en Nueva York, porque también está en inglés, nos echamos a reír, porque pensamos que nosotros lo podíamos hacer en unas horas.

Y ¿a qué se debe eso?

Ah. Cuando empezamos a leerlo, creímos que era un despiste alquímico, para que la mayoría pensase que es muy difícil cuando es realmente muy fácil, pero al cabo de los años pensamos que quizá no había sido un despiste, sino que estaba describiendo honestamente algo que en su momento sí costaba treinta años de práctica, porque los procesos de cambio eran lentos. Las condiciones de inercia actuales son tan fuertes que lo que antes se lograba con treinta años de perseverancia y esfuerzo, ahora se logra en treinta minutos.
Esta era tiene esa característica de tener que adaptar las tradiciones antiguas a nuestro momento actual, y muy especialmente desde el punto de vista de que el proceso de cambio es lo más intenso de nuestra era. Y un proceso de cambio que es tan intenso hace que traiga la desintegración rápida de la propia era.

Claro, porque ahora la pregunta que uno se podría plantear es que, cuando llegue el final de esta era que se precipita hacia su propio fin, es de esperar que comience…

…la Era Dorada. Es el principio energético de que cuando se manifiesta un extremo, se activa el extremo opuesto. Cuando el sol culmina al mediodía, comienza la medianoche, ¿no? Es un proceso de cambio intenso que da nacimiento a un proceso de estabilidad muy duradera.

¿Se ha hecho alguna especie de aproximación para saber cuándo acaba esta era?

No, porque esto que estamos hablando lo he recopilado de la tradición de la India que habla de las cuatro eras, los yugas, y de los cuatro tipos de individuos predominantes, de los que ya hemos hablado: el yogui, el sacerdote, el guerrero y el comerciante, ¿eh? En la India están estructuradas así también las castas. Entonces, esta era actual, de acuerdo a las castas, termina en caos, en el cual ni siquiera el comerciante es capaz de mantenerse en su negocio.

Claro, entendiendo caos como cambio total.

Radical, sin posibilidad de que ninguna estructura se mantenga en pie por mucho tiempo.

Es curioso que la palabra «gas» provenga del griego khaos, porque es precisamente la estructura gaseosa la que está en constante cambio.

Es que el caos es simplemente eso: no emerge una estructura que sea capaz de mantenerse íntegra; al contrario, no hay energía cohesiva, está todo muy fragmentado, ¿no?

Volviendo al proceso de cambio, estoy pensando que, tomando una perspectiva de tan sólo quince años, se puede ver una progresiva aceleración social increíble a todos los niveles.

Si hablamos, por ejemplo, del tema de la información, vemos que cada seis meses se duplica el volumen de información que la cultura humana global acumula. En la Edad Media, todo el conocimiento que existía se duplicó en los siglos posteriores, y ahora es cada seis meses o menos…

Entonces, si la aceleración se va intensificando cada vez más, mantener una integridad puede resultar cada vez más difícil, ¿no?

Depende del tipo de integridad que busques.

Ya. Porque si la gente tiene una pretensión una estabilidad, supongo que cada vez va a ser más difícil aferrarse a algo, porque la corriente es cada vez más fuerte, ¿no?

Eso es. «Mi vida que no cambie, que mi matrimonio no degenere, mi trabajito que no cambie, mi cafecito, mi calle, el bosque al que suelo ir… que no cambie nada». Eso va a ser muy difícil. Y muy frustrante, ¿eh? Por ejemplo, cuando voy a Nueva York cada seis meses, voy a buscar una tienda de una lista de sitios a los que suelo ir, y cuando llego me encuentro que ya pasó a la historia. Y a veces uno sale por un metro por el que salió hace dos años y se pregunta si se ha equivocado de estación, porque derribaron un edificio, construyeron dos más y cerraron algunos comercios para abrir otros, y no se reconoce nada. Y a veces a uno le da lástima ver a las personas mayores, caminando con su bastón, y piensa que aquél individuo de ochenta años vio las calles de la cuidad con taxis de carro y mira esto ahora… y él todavía sigue vivo caminando, pero no hay referencias de su era, porque ha sido toda borrada. Aquí en Europa hay más restos de tradiciones, costumbres, mitologías, festivales, etc. que mantienen un hilo de cultura estable más duradero que en Norteamérica. En Sudamérica, por ejemplo, es diferente, porque predomina el tema indígena… cada cultura fluye su tiempo de manera diferente, pero la cultura de Estados Unidos y Canadá fluye muy rápido. Es una cultura juvenil, adolescente, con no más de doscientos años, en comparación con la de acá de Europa, que es más madura.

«La vieja Europa».

Eso. Dependiendo de la cultura en la que el individuo esté funcionando, el proceso de cambio será más intenso o un poco más lento. Pero en Estados Unidos, en general, el proceso de cambio es muy intenso y en las grandes ciudades como Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Chicago, es más intenso todavía que en el centro del país, que es más rural.

Supongo que por eso coincide que las grandes empresas de tecnología se ubiquen precisamente en las grandes ciudades…

Claro. La tecnología requiere un motor de rapidez determinado.

La permanencia en esta era tiene que ser redefinida, porque no va a ser la misma que la de nuestros abuelos o bisabuelos. El individuo fluye con los cambios y no se siente incómodo. En relación a lo ya comentado de la fragmentación característica, en términos de salud, el individuo actual tiene un alto riesgo de enfermedades, porque la energía de fragmentación es muy intensa. Por lo tanto es muy importante que sea consciente de lo que fomenta la salud: cómo comer mejor, cómo dormir y a qué hora, etc., detallitos muy elementales pero que son elementos de cohesividad. También es muy importante para la gente que practica, que una vez aprende por algún sitio acerca de lo que no le conviene hacer, ahora ese practicante está en más riesgo todavía que el ignorante, porque el ignorante come mal porque no sabe y se cree que eso es buenísimo, pero el que ya sabe y lo hace de todas formas, entra en una fase de autodestrucción. Es autodestrucción consciente.

El individuo contemporáneo, y especialmente el practicante que está tratando de ampliar conciencia, aprender más, adquirir más conocimiento y más información, tiene que tener en cuenta de que si en sus investigaciones ha aprendido cosas que convienen hacer pero no las está haciendo, está llevando a cabo una decisión de fragmentación más intensa. El efecto es suicida, y lo que pasa es que el individuo gradualmente va perdiendo el respeto a sí mismo. Al principio no se nota mucho, pero empieza a un nivel muy sutil a minar su autoconfianza y su autoapreciación, porque sabe que no está llevando a cabo lo que realmente conviene hacer, sino lo contrario. Cuando ese proceso de degeneración comienza, el individuo comienza a afectar intensamente el primer chakra, que es el de aquí, de cómo me mantengo en la Tierra. Se está fomentando el proceso de irme de aquí, ¿eh?

Te estás «desenraizando»…

Exactamente. Por eso es muy importante que aquellas personas que están en el camino de desarrollo personal no sólo busquen conocimiento o información sólo por adquirirlos, sino que lo lleven a cabo, porque una vez que esa pequeña iluminación entra en la conciencia, ya no es posible regresar a la oscuridad del no saber.

El conocimiento en esta era implica una alta responsabilidad. Es decir: hay que aplicarlo. En otras eras, la cantidad de información disponible, de recursos, era muy limitada; cada país tenía una religión, un sistema y basta. Encontrar maestros era complicadísimo, ¿eh? Ahora todo está a la vez, disponible, en todas partes, en las páginas web, en los libros, en los discos y los videos… Hay una abundancia de valiosísima información, y mucha de la gente que estamos en esta rama de trabajo de desarrollo personal estamos como adictos a adquirir información, pero también estamos adquiriendo conocimientos de lo que se debe hacer. Estamos eliminando nuestro nivel de ignorancia día a día, y por lo tanto, hay que comenzar a actuar de acuerdo a lo que uno va adquiriendo.

La información de qué hacer en esta era está por todas partes, pero llevarla a cabo es por donde va la perseverancia.
Si el individuo no tiene en mente todo eso, a través de la ilusión de que estamos en el ambiente de desarrollo, lo que ocurre en realidad es que estamos fragmentándonos más.

Ya. Te da la sensación de que sólo por estar ahí, entre cursos y gente con gustos afines ya estás haciendo algo… falta pasar a la acción.

Claro, porque lo que estás es desarrollando un alto nivel de «yo no hago nada» «¿por qué me pasa esto a mí?», etc. Eso está desenraizando al individuo y bajando su autoestima, su nivel de salud y disminuyendo la capacidad de relacionarnos positivamente con otros, puesto que no nos relacionamos positivamente con nosotros mismos.
Por eso es muy importante que se administre la información que uno busca o con la que se tropieza o cae en sus manos.

El conocimiento en esta era parece algo que es muy barato, pero si uno mira atrás, no mucho, hacia los años cuarenta en el mundo occidental, un conocimiento mínimo sobre los chakras o sobre la conciencia era valiosísimo, una verdadera clave. Lo que esto indica es que el conocimiento ha sido algo muy preciado, puesto que ha aparecido en cuentagotas y ha sido valorado intensamente cuando llegaba a las manos de uno. La persona se sentía afortunada cuando se encontraba con un maestro o un dato o al saber que existía alguien que algún día podía conocer.

Esto hay que tenerlo en cuenta porque estamos sumergidos en un océano de conocimiento e información valiosísimos pero no les damos valor.
Una vez, aquí en España, durante un curso de I Ching, después de los 64 hexagramas, una persona dijo: «bueno, ¿y qué más vas a enseñar del I Ching ahora? ¿Cuándo es el próximo nivel?» ¿Otro nivel? Bueno, supongo que habrá un nivel dos, pero con el primer nivel tenemos de sobra para esta vida…

En definitiva, hemos abaratado el valor de los conocimientos esotéricos que recibimos y pensamos que es algo que está tirado ahí por la calle, y eso es una característica de nuestra era. No siempre ha sido así. El saber que existe un practicante avanzado o un maestro se consideraba ya una señal de buena fortuna; poder contactar con él, mayor fortuna todavía; y poder estudiar y aprender con él un signo de que nuestra vida está siendo potenciada al máximo.

Pues eso. Aprovechemos lo dicho, lo leído y lo escuchado en beneficio propio y ajeno, actuemos en consecuencia y, sobre todo, mantengamos un centro y seamos capaces de maniobrar en el creciente torrente de acontecimientos de unos tiempos que se precipitan hacia sí mismos. La capacidad de adaptación y la perseverancia en un mínimo enfoque parecen las claves para sobrevivir a esta era de cambios incesantes. Ése es el reto. Tú decides.

Entrevista a Juan Li por Pere Muñoz Avellaneda

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