La alimentación se define en el I Ching, no sólo en términos de alimento físico, sino también en términos de la calidad de los pensamientos que cultivamos en nuestras vidas, de las emociones que fomentamos, de las relaciones que escogemos y de las ideas que permitimos germinar en nuestras mentes.

Todo lo que introducimos en nuestro organismo, ya sea alimento físico o ideas, tiene el potencial de favorecer o interferir con la dirección en que vamos en la vida.

Todo lo que concierne la nutrición, no puede depender exclusivamente de reglas que aplicamos inconscientemente. Una de las enseñanzas del I Ching, en cuanto a la nutrición (hexagrama 27), es que necesitamos ser extraordinariamente flexibles y claros de propósito al trabajar con la alimentación. Un resultado de aplicar reglas indiscriminadamente, es la intolerancia y rigidez, diferente formas de agresividad hacia uno y hacia todos,  quienes se perciben como ‘diferentes’.

La alimentación sana está basada en el discernimiento, que es la apertura de la inteligencia profunda, en vez de la información adquirida de la mente superficial.

En este nivel se aprende sobre los alimentos físicos que fomentan o dificultan las prácticas energéticas. Un importantísimo aspecto que se toma en cuenta es la pésima calidad de los alimentos industrializados y el complejo desafío que es una alimentación relativamente sana en un ambiente intensamente contaminado a nivel físico, emocional y mental.

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