Tradicionalmente las Yogas de Peregrinación se llevan a cabo al final de un largo entrenamiento para poner a prueba todo lo aprendido e integrado. Esta etapa de las prácticas se confunde en el presente con un viaje turístico de un lugar sagrado a otro.

Las Yogas de Peregrinación son las más difíciles porque antes de salir requieren seguir una larga serie de pasos que comienzan con terminar todas las situaciones pendientes de nuestras vidas. El peregrino examina su vida entera y paga todas sus deudas, sana las situaciones conflictivas con quien sea, si hay propiedades, escribe testamento cediéndolas en caso de no regresar, se prepara para la muerte dejando todos sus asuntos en orden antes de emprender el camino.

Cuando el peregrino sale por la puerta de su hogar está libre de cuerdas que lo atan al pasado. Está libre como el viento en estado de pureza y claridad. Este es el modelo que experimenta como modelo al morir.

Un importantísimo paso en esta práctica es el de aceptar la muerte y superar el miedo a morir. El peregrino emprende la ruta aunque ello signifique morir en el proceso. Ni la muerte lo puede detener. Y si la muerte no es poder suficiente para frenarlo, nada lo puede hacer.

La práctica del peregrinaje genera una experiencia directa de dejar la estructura habitual detrás, y orientarse a la meta divina que representa la Mente Original sin que ni siquiera la muerte lo pueda detener. Ese modelo, es el modelo de cómo dejamos el mundo.

En este nivel se aprende la secuencia de la práctica del peregrinaje y toda una serie de prácticas energéticas que se pueden realizar en lugares sagrados.

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