Uno de los legados más importantes de los antiguos maestros Taoístas de China ha sido las prácticas para la regeneración de la médula ósea, llevados a cabo a través de una serie de sencillos ejercicios de respiración.

La práctica de la “respiración de huesos” fue desarrollada en el contexto de los prácticas para el desarrollo de la alta consciencia y la apertura del potencial humano más elevado. Ésta es considerada una rama del amplio Árbol de Prácticas Energéticas Taoístas, y tiene como tronco las prácticas meditativas para calmar la mente.

A medida que el cuerpo humano envejece está sujeto, como todos los procesos energéticos, a las leyes del cambio y el deterioro. Esto es especialmente cierto en el caso del esqueleto humano.

Los huesos de nuestro esqueleto son el aspecto más sólido y denso de nuestro cuerpo. Como cualquier sólido tiene una microestructura que es básicamente cristalina con la propiedad de absorber y transmitir las energías irradiadas por la Tierra y el resto del universo.

Los antiguos taoístas entendieron el esqueleto humano como una antena que canalizaba las energías necesarias para sostener la vida, y al mismo tiempo servían como medio de comunicación para la emisión de frecuencias energéticas a través de las estructuras de los meridianos y los órganos vitales. El concepto del esqueleto como una estructura dinámica de energía obligó a los taoístas a desarrollar maneras de mantener los huesos en estado óptimo y parar el proceso natural de deterioro.

Cuando nacemos nuestros huesos son densos y pesados gracias a la médula ósea roja que hay en ellos. El peso que sentimos cuando cogemos a un bebé en brazos no se debe a su gordura, sino a la alta densidad de sus huesos. A medida que cumplimos años hay una progresiva pérdida de

masa ósea debido a varios factores que incluyen como factores emocionales, una dieta inapropiada y la falta de ejercicio físico. La médula ósea roja va siendo sustituida progresivamente por una médula blanca semejante a la grasa. La reducción de la médula ósea roja puede ir también acompañada de una reducción progresiva en la densidad del hueso, traduciéndose en huesos más porosos y frágiles. En esta fase no es extraño que una persona mayor sufra una fractura fácilmente con una simple caída. Las personas mayores cuyos huesos son frágiles resultan muy ligeras en relación su tamaño.

La pérdida de masa ósea conocida médicamente como osteoporosis, afecta a millones de personas en los países desarrollados, y en las últimas décadas ha tenido especial atención por los estudios especializados que intentan encontrar un remedio eficaz. Uno de los tratamientos más comunes implica tomar suplementos de calcio o terapia con hormonas. La práctica de la respiración de huesos es capaz de detener la pérdida de masa ósea, y con la práctica continuada comenzar a ganar masa ósea y médula ósea gracias al proceso que los antiguos Taoístas llamaron el “lavado de médula ósea”. El ingrediente principal del “lavado de médula” es la respiración, no la respiración común que entra a través de nuestras fosas nasales, sino una respiración sutil que penetra a través de cada poro de la piel.

La respiración sutil es guiada a través de la médula roja con la intención. Por ejemplo, uno pone su atención en la punta del dedo índice y lentamente mueve su atención hacia arriba a lo largo del hueso, llevándola hacia la muñeca. Esta simple acción activa una ley de energía muy poderosa que dice que en cualquier lugar de nuestro cuerpo donde pongamos nuestra atención, habrá un flujo de energía que se moverá en esa dirección. Moviendo nuestra atención de la punta del índice hacia la muñeca una y otra vez, podemos experimentar una sensación de calor, cosquilleo, pesadez o una vibración sutil en el dedo. El calor o la pesadez que le sigue es un indicador de que el ejercicio está generando un flujo de energía dentro del hueso. Uno de los principios básicos de la medicina taoísta es que mientras haya un buen flujo (de energía) hay salud, y que cuando el flujo de energía se reduce la enfermedad aparece. Partiendo del

índice la práctica se puede continuar en dirección ascendente al resto de dedos y gradualmente hacia los brazos, las piernas y el resto del esqueleto.

La Práctica de la Respiración de Huesos fue introducida a Occidente por el Maestro Taoísta Mantak Chia en 1983. Una de las primeras estudiantes fue una mujer de mediana edad residente en Los Ángeles, California, que estaba perdiendo masa ósea en la columna a una velocidad alarmante. Estaba siendo tratada por varios especialistas que no habían podido detener la pérdida de hueso. El resultado predecible de su estado era el colapso de los huesos de su columna con la consiguiente amenaza del sistema nervioso, y como consecuencia una parálisis o una muerte prematura. Nada más oír acerca de la práctica de la respiración de huesos, se inscribió en la clase y empezó una rutina diaria de 3 horas de ejercicio continuo llevando la respiración sutil a la médula ósea. Ya que el esqueleto está considerado una antena, la manera más eficaz de practicar la respiración de huesos es estando de pie en una postura especial que permita al esqueleto completo estar alineado de la manera más eficaz con el flujo de la energía universal.

En un plazo de seis meses de práctica esta alumna no sólo detuvo la pérdida de masa ósea, sino que empezó a revertir el proceso y ganó un 10% de masa. Los médicos que la habían estado tratando no podían explicar este cambio. En tres años de práctica continuada ganó masa de manera apreciable y al final de cinco años había restituido el 100% de su masa ósea sin rastro de que hubiese tenido alguna vez osteoporosis.

Este no es un caso aislado. Desde 1980 casos similares han sido referidos por practicantes en diferentes países de Europa y las Américas. La respiración de huesos también se ha utilizado con éxito para acelerar la recuperación de huesos rotos y desgarro de ligamentos. Una condición importante en la práctica de la respiración de huesos es el ser capaz de sentir el área que estamos trabajando con la atención. Los antiguos Taoístas nos dejaron la máxima que dice así “La práctica del Tao comienza con el sentir”. Sin el sentir la práctica puede degenerar en un ejercicio mental sin relación con los huesos.

La respiración de huesos no es sólo para el aumento de la masa ósea. Tal y como dijimos antes, los Taoístas desarrollaron estas prácticas para abrir el potencial humano al máximo. Un efecto poderoso de la respiración de huesos es la habilidad de calmar la mente y detener el incesante diálogo interno. También da una profunda sensación de relajación y apertura que ayuda a resolver tensión muscular y estrés.

Para sanar los huesos los Taoístas siguieron utilizando la respiración de huesos como medio para absorber las energías sutiles de árboles, aguas, el sol, la luna y las estrellas. Para la gente de hoy en día, la respiración de huesos ofrece la posibilidad de mantener unos huesos saludables independientemente de la edad, y al mismo tiempo deleitarse en el océano de calma que trae como fruto esta práctica.

PRÁCTICA DE RESPIRACIÓN DE HUESOS

Siéntese cómodamente y extienda sus brazos sobre el regazo. Las palmas de las manos deben estar abiertas y los dedos relajados.

Inhale suavemente a través de la nariz en dirección al abdomen y ahora exhale todo el aire desde el abdomen.

Hágalo varias veces, dejando salir la tensión con cada exhalación.

Lleve su atención a la punta del dedo índice de su mano izquierda.

La próxima vez que respire normalmente, simplemente deje que su atención recorra lentamente el trayecto desde la punta del dedo hasta la base del mismo.

Mientras exhala por la nariz de manera natural, permita que la energía se quede en el dedo, y vuelva a llevar su atención a la punta del índice. Repita este proceso con la siguiente respiración.

A la vez que una sensación de calor o pesadez se despliega en el índice izquierdo, compárelo con el índice derecho donde aún no ha hecho la respiración de huesos. Esto le ayudará a desarrollar la habilidad de sentir más profundamente e identificar la sensación que trae esta práctica.

A medida que el índice izquierdo se calienta o se vuelve más pesado continúe con esa misma respiración de huesos con el resto de dedos de la mano izquierda, ya sea uno a uno o bien todos al mismo tiempo.

Cuando la mano izquierda se haya vuelto más caliente o pesada compárela con la mano derecha, donde no se ha hecho ninguna práctica todavía.

Cuando decida incorporar la mano derecha a la práctica, simplemente reproduzca las sensaciones de la mano izquierda en la derecha y comience de nuevo dedo a dedo.

Una vez ambas manos se sientan pesadas continúe con la práctica subiendo cada vez más alto por los brazos hasta llegar a los hombros.

Para hacer la práctica por los pies es mejor descalzarse y quitarse cualquier ropa apretada, ahora puede llevar su atención a los dedos de los pies, ya sea uno a uno o bien todos juntos hasta el tobillo.

Para llevar a cabo la respiración de huesos por la columna empiece por la punta del hueso sacro y vaya recorriendo la columna con su atención hasta la base del cuello, y la misma sensación de calor y pesadez se irá dando.

A medida que la práctica progresa y el cuerpo se relaja, la respiración común a través de la nariz puede ir cambiando a una respiración cada vez más sutil. No intente forzar la respiración, deje que cada vez sea más y más sutil y calmada. Continúe subiendo su atención por los huesos.

Finalmente es posible estar haciendo la respiración de huesos en todo el cuerpo, incluyendo los dientes.

Mientras se desarrolla la práctica trate de respirar a través de todo el cuerpo al mismo tiempo, como una esponja.

Si desea un conocimiento más específico de los huesos, se recomienda trabajar con un mapa anatómico del esqueleto, para guiar la energía con mayor precisión.

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