Todo el trabajo energético puede resumirse en una única palabra: vibración. El proceso de manifestar algo a nivel físico o sutil comienza con una idea que se expresa como sonidos raíces y vibraciones creativas.

En esta era en que las estructuras cambian rápidamente, una característica del ser humano es la incapacidad de calmar el dialogo mental. Algunas veces esta charla mental es contraproducente o crítica. Nuestras decisiones y actos surgen en la mente, por lo que es en la mente donde nacen nuestros karmas.

Nuestra charla mental puede ser una fuente interminable de comentarios y criticas negativas. Puesto que es imposible para la mayoría de las personas acallar su charla interna, la repetición de un mantra es una herramienta simple y poderosa que transforma el caos mental en unidad, reduciendo la charla mental a un sonido o una serie de sonidos. No se trata de sonidos ordinarios, sino de sonidos primordiales de las funciones creativas del universo.

La práctica de los mantras, o de los sonidos raíces, tiene la virtud de apaciguar las actividades del ego negativo, de silenciar instantáneamente la algarabía mental, de unificar el sistema energético en un conjunto de vibraciones creativas, de atajar los estados negativos de la mente, de reconducir la respiración a un ritmo uniforme, de dar estabilidad a la conciencia, de refrescar en poco tiempo un sistema nervioso estresado y de poner el sistema energético en contacto con una frecuencia vibratoria elevada. Todo esto se consigue con un mínimo de esfuerzo ya que los mantras son los sonidos raíces de la creación misma. Los mantras no son sonidos del lenguaje ordinario y mucho menos oraciones que refuerzan el sentido de dualidad entre un yo y una deidad fuera de mi.

Los sonidos raíces son sonidos universales que encarnan las vibraciones de procesos específicos. Estos sonidos raíces fueron descubiertos en el pasado más remoto por practicantes que lograron desarrollar los niveles de conciencia más elevados.

Hay sonidos raíces para atraer, para repeler, para liberar obstáculos, para unir, para sanar enfermedades, para generar energía de compasión, etcétera. La lista es tan extensa como la creación porque cada ser vivo y cada proceso energético configuran un conjunto determinado de vibraciones que son exclusivas de ese proceso.

La vibración también es un vínculo que conecta diferentes dimensiones. Toda energía es vibración. Cuando uno alcanza los límites de la dimensión física, los mantras establecen los puentes interdimensionales que permiten, en palabras del I Ching, “Cruzar las Grandes Aguas”.

La práctica de mantra introduce en el trabajo energético el muy relevante factor del ritmo numérico. El I Ching llama “ayudantes” a los ritmos porque son capaces de asumir el control de los procesos energéticos y de desarrollarlos sin la intervención del ego. Cuando un ritmo está activado, ya no necesitamos hacer nada ni fatigarnos en el desarrollo del proceso, puesto que la Energía Creativa está fluyendo con un esfuerzo mínimo.

Entre todas las prácticas energéticas, la de mantras se distingue por ser la más versátil dado que puede ser realizada internamente o externamente, en medio de cualquier situación, estado emocional o mental y su efecto de silenciar diálogos mentales  y superar estados de distracción es instantáneo.

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