“El cuerpo emocional es también el nivel que ayuda al individuo a sentir. El bebé, desde el vientre, siente si la madre está tranquila, nerviosa, escuchando música, si los padres quieren hacer un aborto o no, etc. El bebé siente todo, lo cual quiere decir que hay un nivel emocional ahí presente pero no está estructurado para administrar esas emociones hasta que uno nazca y crezca varios años.”

¿Quién no se ha planteado, en algún momento u otro y después de cierto tiempo de práctica, si se están haciendo bien las cosas, si los resultados que se van percibiendo son los correctos, si más allá del mecanismo de imágenes, sensaciones y posiciones el progreso es el adecuado? Porque, como suele pasar en cualquier práctica energética, por mucha visualización que uno haga, si no va acompañada de una mínima sensación en el cuerpo, el ejercicio no pasará del nivel mental, mal que nos pese. Y aunque parece algo que la mayoría de practicantes damos por hecho, es el principio de todos los males a la hora de profundizar en los diferentes niveles de las prácticas.

Y eso que se nos dice una y otra vez que las prácticas del Tao comienzan con el sentir. De hecho, desde el nivel de base se nos inicia en un proceso de autoconciencia para darnos cuenta de lo que ocurre en nuestro cuerpo: aprendemos a diferenciar niveles de vibración y bienestar con la sonrisa interior, a notar poco a poco los diferentes órganos y las emociones asociadas a cada uno de ellos con los sonidos curativos, y a energizarnos y a empezar a equilibrar nuestro ser con la órbita microcósmica.

Cuando Juan me propuso hablar acerca de los cuerpos sutiles me explicó que era algo con lo que se había encontrado en diversas ocasiones a la hora de compartir las prácticas entre los alumnos, para comprobar que no sólo fuese algo mental, sino un ejercicio realmente energético que otra persona podía percibir. Por eso se proponía con esta entrevista diferenciar y aclarar conceptos entre lo que podemos denominar «cuerpo mental» y «cuerpo emocional».

En esta ocasión me encontraba frente a él sentado en el jardín de su casa, un viernes por la tarde, a las afueras de Girona y lejos del trajín de la Ciudad Condal. Lo que sigue es lo que lo que aconteció.

El tema de los cuerpos sutiles es algo que afecta a todos los practicantes que trabajan con la energía y tiene que ver con el sentir, el visualizar, el percibir y todo eso. Vamos a ir al principio. Por ejemplo, cuando el bebé nace, no tiene realmente estructurado, a un nivel vibratorio, el cuerpo emocional: llora, quiere comida, grita, si come se tranquiliza… Las emociones no tienen control, no hay estructura que las controle, no hay nada mental que las controle. Las emociones están fuera de estructura. A medida que el bebé crece, va estructurando el cuerpo emocional, poco a poco, aunque las emociones siguen sin control (grita, tira cosas o las rompe, etc.) y se utilizan para comunicar lo que uno quiere y lo que no. A medida que el niño va llegando a los 6, 7 y 8 años, se va estructurando poco a poco el cuerpo emocional, y si quiere algo o no, lo dice, se empieza a controlar emocionalmente y administra las emociones mejor.

El cuerpo emocional es también el nivel que ayuda al individuo a sentir. El bebé, desde el vientre, siente si la madre está tranquila, nerviosa, escuchando música, si los padres quieren hacer un aborto o no, etc. El bebé siente todo, lo cual quiere decir que hay un nivel emocional ahí presente pero no está estructurado para administrar esas emociones hasta que uno nazca y crezca varios años.

Pero ¿qué está, como en estado latente?

sutilSí, porque donde hay energía hay conciencia, y esa conciencia percibe y siente todo eso. Entonces, el sentir está ahí desde el principio, y claro, si el niño cuando nace o un poquito después, en esa familia hay problemas graves (el padre o la madre se pelean o cosas así), ese niño puede tomar la decisión de no querer sentir, porque está sintiendo algo que es doloroso y no hay manera de administrarlo adecuadamente, no puede decir: «esto es problema de mis padres, son adultos, no va a pasar nada, seguirán casados…». El niño lo percibe como algo que es el fin del mundo y que es imposible de administrar… Es demasiado. Entonces, claro, se sienten las emociones pero no hay manera de administrarlas.

Hacia los siete-nueve años esa habilidad de administrar las emociones se va estructurando. Por eso muchos psicólogos dicen que en los primeros siete años de vida es cuando los traumas realmente fuertes se instalan, porque es cuando el individuo no tiene recursos para administrar las emociones.

Todos los psicoanalistas a partir de Freud…

Entonces los padres hacen algo y se queda cargado ahí; hay algo sexual, se forma todo el rollo ahí…

El cuerpo emocional es muy vulnerable porque uno puede estar contento, y con una frase o un gesto o un toque… te cala para el resto de la vida. Es muy frágil. Se va estructurando poco a poco, pero no está garantizado que todos lo vayamos a estructurarlo bien. Hay personas que no son capaces y se pasan la vida entera siendo «infantiles», como se suele decir, son susceptibles, muy sensibles. El cuerpo emocional por naturaleza es frágil. Aunque sea la persona más estructurada del mundo, sale a la calle, pasa algo y se desquicia.

O sea, como una hipersensibilidad…

Sí, pero porque es frágil, y como el cuerpo emocional es frágil, también tiene miedo, y está constantemente bajo el miedo de la muerte, no sabe si va a vivir el próximo minuto o si va a llegar a la noche.

Me suena un poco también a hipocondría…

Bueno, pero eso es más de alguien que exagera todo aquello, pero por naturaleza el ser humano, no importa lo que haga o quién sea, es frágil. Se sabe que hay esa conexión de lo emocional con la fragilidad durante toda la vida.

El nivel emocional es frágil siempre: es mucho más frágil en la niñez y se va solidificando gradualmente o estructurando hacia la adolescencia o más allá, depende de cómo viva el individuo.

A medida que el individuo va entrando en la pubertad, de promedio, a menos que sea un niño de seis o siete años en Pakistán que haya sufrido un terremoto y que los padres le digan que tienen que ir a buscar leña, ese niño ya tiene unas responsabilidades que hacen que su cuerpo mental tenga que desarrollarse más rápido, en el sentido de que hay una necesidad urgente y tenga que pensar por sí mismo, tome responsabilidades, deje de ser sensible al frío, al cansancio, porque si no se mueren.

Es decir, en ese caso, madura a la fuerza…

Por necesidad. Pero en nuestra cultura el individuo medio madura a su paso, muy lento a veces, y la pubertad es el inicio, porque empiezan los rollos amorosos, te atrae alguien, si te juntas tienes celos… todo aquello, muy mental, muy en la cabeza. El cuerpo mental empieza a estructurarse. A medida que lo hace, el individuo puede explicarse cosas, imaginar cosas o hacer una excusa de por qué fulano se comporta de cierta manera, y le ayuda a administrar las emociones. Si los padres están discutiendo y uno tiene quince, dieciséis o diecisiete años puede analizar la situación, porque es parte de una estructura mental que no tiene un niño pequeño.

El niño tiene el potencial y se está desarrollando poco a poco pero no tiene información, por eso siempre están preguntando el porqué de las cosas, porque necesita información para trabajar el mental.

Estoy observando que en las diferentes culturas, según la latitud en la que se localicen tienen una configuración determinada. Por ejemplo, en las partes más extremas del hemisferio norte los humanos para sobrevivir allí han tenido que planear qué hacer durante todo el período en el que no va abundar la comida y no va a haber luz. Por necesidad esa gente ha tenido que desarrollar un cuerpo emocional fuerte, mientras que en otras latitudes como aquí en España y más abajo, donde el clima es más cálido el año entero, no hay cambios drásticos, se pueden obtener varias cosechas al año, y esa urgencia por planear no se da.

La tendencia es que personas de latitudes más extremas, sea el norte o sea el sur, son más mentales. Pero, ¿qué sucede cuando un individuo desarrolla un cuerpo mental muy poderoso? Que, como el cuerpo emocional es el primero que se desarrolla, es como el cimiento para el cuerpo mental. Si alguien desarrolla un cuerpo mental muy fuerte, es capaz de blindar las emociones. Por ejemplo, ve a una chica que le atrae y ésta no responde, entonces mentalmente dice «bueno, ella se cree que tal y tal…»

Vamos, que se hace su historia.

Sí, o se enamoran pero después hay una ruptura de pareja y empieza a pensar en una serie de explicaciones que cierran el sentir. El mental está bloqueando a lo emocional para expresarse o para recibir energías, emociones que le afecten. El mental puede convertirse en una capa blindada que oprime al nivel emocional. Y si su trabajo es muy mental, por ejemplo, un investigador, un arquitecto, alguien que tiene que planear cosas y concebir en su mente primero, antes de ponerlas en marcha, esa persona tiene tendencia a que en sus prácticas utilice lo que administra mejor, que es su mente. Esto lo vimos hace años con la práctica de la Fusión de los Cinco Elementos, la primera parte, que trabaja las emociones negativas, con amigos nuestros, íntimos, que después de mucho tiempo seguían igual emocionalmente. Es posible que la práctica estuviese siendo mental, es decir, que trabajasen un hígado que no estaba enfocado en el órgano físico.

Te refieres a que estas personas durante su práctica no sentían nada en su cuerpo, ¿no?

Claro, cuando enfocaban en el hígado, en lugar de hacerlo en el hígado físico, lo hacían en la idea del hígado y no es lo mismo que real. Es como visualizar una buena cena y sentir que la masticas y la saboreas mientas el estómago está vacío y no hay calorías ni vitaminas.

Entonces esas personas no notarían nada, me refiero a alguna mejoría de algún tipo…

Bueno, más poder mental. Como trabajan con conceptos y se disciplinan, hay autocontrol, hay mucha visualización. Es decir, están muy disciplinados, lo contrario a mucha otra gente que cuando acaba una clase no son capaces de estructurarse un programa de práctica que se base en su realidad ni de clarificar intención.

Por tanto, hemos descubierto que una persona, sin saberlo, puede estar haciendo unas prácticas que en su mayoría son imaginadas.

¿Cómo es que ese practicante descubre o sospecha que hay un problema y luego cómo se resuelve?

He estado mirando que las personas que tienen profesiones en las que hay que pensar mucho, planear mucho, administrar mucho, son funciones que hace el mental sin necesidad de las emociones, o personas que tienen muchas responsabilidades a largo plazo y tienen que estructurar, pueden comenzar a investigar el tema del sentir y del imaginar.

Cuando una persona tiene el cuerpo emocional fuerte puede pasar que sea frío emocionalmente, que es lo que pasó con el caso nazi, en el que el mental hizo cerrar las emociones y llevo a cabo acciones increíbles.

Como una máquina, vamos…

Exactamente, sin piedad. Lo que sucedió en la Segunda Guerra Mundial con el Tercer Reich es un ejemplo muy claro del mental predominando sobre el emocional. Cuando llegaron los juicios de Nuremberg después y les preguntaron cómo es que pudieron llegar a hacer aquello, la respuesta siempre era la misma: «Seguí órdenes». Obviamente eso se hizo con el mental y el emocional cerrado, si no, se hubieran cuestionado las cosas.

El mental puede ser tan fuerte que bloquea al individuo a un nivel emocional, y claro, a la hora de hacer las prácticas alquímicas, internas, no hay combustible para el desarrollo, no hay combustible para el cohete del espíritu, porque ese espíritu trabaja con energía de las emociones de alta calidad.

O sea, que primero hay que convertirlas, reciclarlas, trasmutarlas…

Claro. El combustible es emocional, pero el mental ayuda en la disciplina y a proyectar la intención en un sitio. Por tanto, una persona en la que predomine el mental puede darle poca importancia el hecho de trabajar el emocional o llegar al punto de pensar que todo está bien, que no le afectan las emociones, pero es una separación que ha hecho con el mental y está blindado para que no se afecte el emocional. Ahí no hay combustible de la compasión, del punto de vista altruista, nada. Puede ayudar a otros, pero desde la idea «debo compartir mi abundancia» o «tal libro sagrado dice eso o lo otro», no es algo que venga del corazón.

Esta gente que tiene el cuerpo mental tan desarrollado, debe de tener un diálogo interno incesante…

Claro, muy fuerte.

Primero que nada, la persona, si sabe que es mental, tiene que sospechar que tal vez vale la pena investigar, porque si no, sin darse cuenta ya se ha desviado, y claro, con las prácticas desarrolla poder mental pero no llegar realmente a profundizar.

Porque, ¿cómo puede saber una persona que lleva cierto tiempo de práctica que hay algo raro, que no lo está haciendo bien? ¿Se puede saber de algún modo?


nadisPues claro, hay ciertos indicios, como, por ejemplo, tu nivel de vitalidad. Todo tipo de concentración atrae energía, y eso se siente como más vitalidad. Otro indicio de una buena práctica es que la energía no sube ni baja drásticamente, es decir, me siento completamente agotado y día siguiente estoy contentísimo, y por la tarde triste… Esos cambios se van acabando porque uno va creando, con su poder de concentración, una estructura con más cohesividad y va armonizando, equilibrando la subida y la bajada. Eso no se ve al principio, sino después de practicar unos meses. Otro indicio, es lo que nos sucede en la vida….
 

Vale, vale, te refieres a la calidad de lo que se recibe.

Exactamente. Las cosas que pasan son un reflejo que quién soy yo, de cómo estoy ahora. Nos podemos preguntar entonces cómo ha cambiado mi vida respecto a como estaba antes de empezar a practicar

Otros signos son: el nivel de salud, el número de horas que uno duerme, cómo se despierta, porque mientras más practica la persona más hace de manera consciente lo que el cuerpo hace inconscientemente mientras duerme. Por tanto uno va a dormir menos (aunque sea sólo media hora o así), se levanta mejor… todo eso son signos que se van acumulando son un indicio de que algo ha cambiado aquí. Otro signo muy importante es cómo uno administra las emociones negativas. Por ejemplo, si alguien en el trabajo te dice algo pero no acaba entrando en el corazón, quiere decir que hay una reserva de vitalidad amplia que puede administrar emergencias y conflictos con tranquilidad. Cuando uno está en reserva energética, cualquier cosilla afecta mucho. Entonces, claro, si uno es capaz de administrar las emociones negativas fácilmente es que hay alta vitalidad, que está pasando algo. Lo que pasa es que la gente en la actualidad tiene tan poca vitalidad que está en un estado muy frágil.

Regresando al tema del mental, la persona mental tiene que investigar primero si tiene esas condiciones que decíamos antes del tipo de trabajo, y después, en la práctica cotidiana tiene que hacer un trabajo intensivo con ese poder mental que tiene, porque el cuerpo mental puede ayudar a sentir. Tiene que hacer una investigación más profunda del sentir. Cuando hace su práctica debe estar atento a la temperatura tiene después de los estiramientos para empezar a sintonizar con las diferentes sensaciones corporales, más allá de esa muralla mental que se ha creado sin darse cuenta, y acceder al sentir. Otra cosa que puede hacer es que, cuando llama un familiar o un conocido, intente percibir su estado de ánimo; si está alegre, triste…

Es decir, que tiene que ponerse una serie de ejercicios…
Sí, utilizando el mental para sentir. Por ejemplo, voy a llamar a fulano y cierro los ojos imaginándomelo en frente y siento cómo está, para tener una idea. Lo que voy a hacer con la llamada, entonces, es ratificar si es como lo he sentido o no.

El mental puede ser un recurso buenísimo para sentir, porque tiene poder de enfoque. Y claro, lo que se logra en las prácticas de la sonrisa y de la perla con la fusión es enfocarse en un sitio y sentir, con el emocional. Uno trata con las prácticas de base, la sonrisa, los sonidos y la fusión con la perla de utilizar el mental y el emocional juntos, sin predominio de uno sobre el otro

Uno tiene que investigar a fondo, porque es una línea muy fina la que separa el imaginar y el sentir. Con unas cuantas semanas el practicante puede tener indicios de que es capaz de sentir. De esa manera, está abriendo el camino para el cuerpo emocional, para que sea igual de relevante que el mental.

Si uno hace una práctica muy mental, va a terminar muy frío emocionalmente, y mientras más fuerte el mental, más blinda al emocional, lo aísla más. Eso ha pasado; lo hemos visto muchas veces, incluso con grandes maestros, emocionalmente aislados y no les afecta nada. Es un tema delicado, y a la vez habitual.

Seguramente todos debemos pasar por una fase así, ¿no?

Creo que especialmente en la cultura moderna, que da tanto énfasis a lo mental. Y claro, en la actualidad, con el ordenador y el teléfono, aún se da más énfasis a lo mental. El ordenador, por ejemplo, requiere 99 por ciento mental, ¿eh?, no hacen faltan las emociones. La gente ve cosas pornográficas porque les proporciona algo de emociones, pero es muy mental. El teléfono móvil es igual, ¿no? Es abstracto, mentaliza la persona que quiere llamar. Llamo a alguien que no está presente, tengo que imaginarlo, e incluso si hay una discusión por teléfono sí puede afectar algo al emocional, pero el tono sigue mental. El ser moderno, con los medios audiovisuales a su alrededor, tiende a fortalecer lo mental, y mientras más compleja se hace la cultura por toda esa tecnología que tiene y todos los trucos que hay que saber para poder maniobrar adecuadamente, más fuerte se hace el mental.

En la cultura moderna, especialmente la occidental, se pone a lo emocional como algo inmaduro o algo que pertenece a las mujeres. «El hombre no llora»; el adulto debe controlar las emociones pase lo que pase, sobre todo el hombre; la mujer sí que puede llorar.

Esto me recuerda un poco a la sociedad japonesa…

Claro, es muy mental.

… sobre todo con el tema de la electrónica…

Sí pero no sólo ahora, también en el pasado. Siempre ha sido una sociedad muy estructurada, con muchas reglas, muy jerarquizada y con mucha obediencia, que es mental. Cada persona tiene un sitio en la sociedad y tiene que cumplir su papel al pie de la letra.

Y, por supuesto, no se puede mostrar en público ningún tipo de emoción.

No, no, y por eso hay tantos suicidios. El suicidio tiene mucho que ver con un mental fuerte y un emocional que está sin desarrollarse bien. Entonces la persona puede llegar a la conclusión de que no vale la pena vivir, a pesar de que tenga abundancia y recursos de todo tipo…

Pero la «película» que tiene en la cabeza, no cuadra con la realidad…

Claro, porque la sociedad moderna, inconscientemente, no apoya el desarrollar o expresar las emociones, no valora lo emocional. Uno no puede decir: «Hoy no puedo ir a trabajar porque estoy triste».

A menos que vaya al trabajo con un papel que ponga «baja por depresión»

O «tendencia suicida» o algo así… No se acepta; es como un tabú moderno. Uno tiene que ser eficaz, rápido… Es el modelo americano que viene de los protestantes: uno tiene que trabajar y mejora trabajando. Ese modelo anglosajón se ha unido a la cultura moderna, a la tecnología moderna: Trabajo durante tantas horas, no hay descanso, las vacaciones en tal mes…

Todo muy compartimentado…

Sí, sí. Pero claro, en las culturas de Latinoamérica, en concreto en Cuba, cuando era joven, el trabajar no era nada tan obligatorio y tan rígido. Si un día alguien no se sentía bien, lo decía, y bueno, no había problema, y la persona no se sentía culpable. El disfrutar la vida era más importante. Cuando mi padre, que era chino, fue a Nueva York y entró en el sistema ese anglosajón, el primer comentario que hizo fue «esta gente sólo vive para trabajar». La gente se levanta, se asea, come rápido y a trabajar; después de estar todo el día allí, regresa, se ducha, come, se siente a ver la televisión, descansa un poquito y se acuesta temprano para levantarse pronto al día siguiente y hacer exactamente lo mismo durante cinco días; el fin de semana, descansa un poquito, da una vuelta o algo así y ya vuelve a ser lunes. Ese sistema es muy diferente al que tenía mi padre: trabajaba hasta cierta hora, después por la tarde descansaba con los amigos en la terraza… el ocio era una parte muy importante de la vida.

El hecho de tener que seguir un horario estricto de trabajo ha hecho que el individuo tienda a ser muy mental. Mientras más disciplina hay, más mental, pues la disciplina va con la mente.

Al convertirse la sociedad moderna en más mentalizada, el practicante que se propone hacer algo, sea del sistema que sea, va a estar posiblemente separado de las emociones a un nivel mayor que años atrás. A las clases viene mucha gente que tiene grandes problemas con las emociones: depresión, cólera, ira, frustración, etc. y claro, buscan alivio. Por tanto, entrar en las yogas, de cualquier sistema, es una manera de poder hablar a las emociones, sacarlas a la superficie, porque el emocional toma importancia de nuevo en un ambiente en el que se permite investigar las emociones.

nuberojaDe hecho, en diversas tradiciones antiguas, como tú has dicho muchas veces, lo primero que hay que hacer es sanar las emociones, ¿no?

Es el número uno, porque lo emocional, como es primario en el desarrollo del individuo, también es primario en el desarrollo de las yogas; es igual. Por eso se llama «el segundo nacimiento», porque pasa por las mismas fases y tiene que desarrollar lo emocional. ¿Por qué? Porque las emociones positivas, en su conjunto, van a ser el combustible de las prácticas superiores, que es la energía de la compasión, la síntesis de las positivas. Eso es lo que se trabaja en la práctica de la Fusión de los Cinco Elementos en su primer nivel. Y esa energía de las emociones positivas en el Tao se sabe que no es una energía personal. Es como el aire que uno respira; nadie dice «éste es mi aire», sino que entra en mi cuerpo y lo utilizo para pensar, tener emociones, crear, hacer algo, ¿no? Las emociones son energías estelares de la Osa Mayor, son luces que están influenciando al individuo y cuando esas energías atraviesan su sistema energético, si fluyen con cierta facilidad, producen ciertos efectos, que son las emociones positivas, y el individuo se siente bien, con diferentes niveles, que son las diferentes emociones: amistad, bondad, generosidad, cariño, felicidad, etc. Si se bloquean esas energías, la persona experimenta lo que se llama «emociones negativas»; algo está bloqueado, no fluye bien, está forzando para seguir fluyendo, para salir afuera de una manera u otra.

 Por tanto, el trabajo emocional es primario en las yogas porque ilumina al individuo, aumenta su luminosidad.

Te refieres a que desbloquea cualquier traba que haya…

Claro, y es un trabajo que es urgente. El proceso de desarrollo es un proceso que requiere niveles de vitalidad en aumento, no estancados, para ir desarrollando habilidades. Las emociones son el primer sitio donde está estancada la energía y son ciclos sin terminar. Si sigo enfadado con fulano y cada vez que pienso en él me pongo colérico, la energía con relación a esa persona está estancada, aun años después de algo ocurrido. Eso quiere decir que hay un montón de vitalidad acaparada allí que no se mueve. Y claro, si un individuo no trabaja con las emociones positivas, va a tener un buen inventario de situaciones sin terminar, desde planes personales pendientes, pues la energía del querer es del corazón, hasta situaciones negativas con otras personas o elementos de la familia o de la vida personal que uno esconde y no quiere encarar. Todo eso son emociones que están estancadas.

Cuando uno se levanta por la mañana a hacer su práctica, técnicamente tiene el cien por cien disponible, porque está vivo, pero lo que está realmente disponible es tal vez un porcentaje muy bajo, y con ese porcentaje uno va a hacer las técnicas y quiere lograrlo todo. El problema es que las yogas es desarrollar el cien por cien, no sólo una parte.

Vale, y supongo que cuando vas avanzando por las diferentes partes de las prácticas, es lo que tú dices, necesitarás más energía o más vitalidad disponible.

No sólo eso…

…me refiero para poder lograr lo que te propones…

Sí, porque el organismo es vibratorio, y el nivel ordinario de un individuo en el que está todo mezclado, lo negativo con lo positivo, no es precisamente el más alto del universo. Por eso, mientas más se van refinando las emociones y ese individuo actúa en el mundo, no se queda sentado y no sale de casa sino que ayuda a los demás, está fomentando un nivel vibratorio más elevado, porque está tocando de nuevo lo positivo y lo está proyectando al mundo.

El tema de las emociones positivas es que gradualmente el individuo va elevando el nivel vibratorio de su sistema energético y cuando empieza el tema altruista da un salto cuántico porque el nivel de vitalidad personal no es suficiente; tiene que haber mucho más para abarcar al círculo íntimo en el que uno está causando beneficio y poco más allá. El punto de vista altruista es el que logra ese salto, pero tiene que ser de corazón, no puede ser mental; no puede ser que digamos «tengo que ser generoso porque la Bibliadice que…». Por eso el trabajo con las emociones es el número uno. Estas prácticas siempre las hacen personas adultas, porque un niño, como aún no ha estructurado el cuerpo mental, no le conviene meditar, porque no tiene la base. Fíjate que un niño no fija la atención en algo por mucho tiempo, en seguida cambia a otra cosa, en unos minutos.

¿Y un adolescente?

Va cambiando, porque va generando su cuerpo mental, pero tampoco mucho, y con la vida moderna peor, ¿eh? La cultura visual, que es la que está en la televisión, está estructurada para que la imagen dure un segundo solamente. Y, claro, como ese individuo joven anda buscando estimulación, escoger, atraer y rechazar según le guste. Como no tiene mucha experiencia del mundo, tiene que probar muchas cosas para escoger la que le gusta. Es un período de unos cinco o seis años normalmente y, dependiendo de la cultura, tiene que hacerse adulto en seguida y ponerse a hacer lo que sus mayores han hecho siempre. Entonces lo que hay por escoger es muy limitado, a no ser que sea un rebelde.

Con el adolescente, cuando encuentra algo que le gusta, empieza a orientarse hacia algo y tiene capacidad para perseverar. No conoce muchas cosas pero se va estructurando poco a poco.

El adulto se supone que está más estructurado, pero en la vida moderna, donde el modelo es desechable, breve, superficial, no se fomenta el profundizar las cosas. Eso caracteriza a las grandes ciudades, donde todo el mundo va con prisa, nada más te puedes ver con alguien unos minutos y a correr de nuevo. Aquí en España hay una ventaja: la vida mediterránea todavía valora la calidad de vida (comer bien, la buena compañía, la importancia de la familia), aunque va desapareciendo muy rápido. Pero en las grandes ciudades, como las de Estados Unidos, la familia no importa; el individuo es lo que cuenta. Es un país de inmigrantes desde su origen en el que llega mucha gente sola. Además la cultura americana es la que produce la mayor parte de la tecnología informática: se inventó el ordenador, un montón de programas… Y con la tecnología siempre viene una manera de pensar. Viene un programa entero, además de esa tecnología. Sin darse uno cuenta, en la cultura mundial, en la que todo el mundo está utilizando ordenadores y casi los mismos programas, se está introduciendo la idea de que todo va rápido, todo se queda obsoleto en seguida…

Y que desde una pantalla tienes acceso al universo entero; no hace falta salir de casa…

Ni moverse de la silla… El otro día decía en Canarias que es muy difícil sentarse a leer un libro de doscientas páginas en el ordenador. Me he preguntado por qué, y mi idea es que la pantalla del ordenador radia luz hacia fuera, está emitiendo energía, pero para leer o concentrarte tienes que enviar energía. Como enviar es yang, y la pantalla también lo es, hay una lucha entre la visión y la concentración del ser humano y la pantalla. ¿Quién pierde? Por supuesto, nosotros. Es un estrés para el humano, porque es como estar empujando todo el tiempo, y uno se agota. Además, leer un libro así no te permite penetrar profundo, mientras que un libro en papel no está radiando a ti; al contrario, tú estás radiando hacia él. En ese caso es un matrimonio, un yin y un yang. El libro es pasivo, se abre y tú entras; pasas la página y vuelves a entrar. Otra cosa a favor del papel respecto al formato electrónico, es que a pesar de ser frágil, es más duradero, no se requiere ninguna clave siglos después para poder acceder a él.

Volviendo a lo que hablábamos, el individuo moderno y las nuevas generaciones tienden a una cultura de lo superficial.

Yo lo que veo muy claro es lo que decías antes: la aceleración de todo. O sea, en los últimos diez-quince años se ha dado un proceso de cada vez más velocidad en todo…

Pero si lo investigas, verás que es más mental que emocional.

Claro, por supuesto. Todo es sobreestimulación y saturación de los sentidos…

Y lo único que se capta es estrés porque está bloqueando intensivamente el emocional. La tecnología que destruye el planeta mentalmente es maravillosa, pero a nivel emocional es terrible. Por tanto, lo que nota la persona mentalizada moderna es el estrés. Eso quiere decir que no ha tenido suficiente tiempo personal para ponerse al día con sus emociones.

Entonces, según todo esto, ¿cuál sería la causa del estrés?

Que no están fluyendo las emociones. No hay tiempo para ti; hay que acabar tal proyecto para tal día a tal hora y eso es lo que importa. Es una orden mental. Luego llegas a casa y tu pareja quiere pasar una noche romántica, pero no tienes ganas de nada. Y al día siguiente igual. Al emocional se le va dando una segunda categoría. Pasan los meses, pasan los años y ahí va a haber problemas, porque el lado emotivo del ser humano se rebela.

¿Se puede ayudar a alguien, desde fuera, para intentar equilibrar esto?

Claro, con poder mental y la intención se puede todo. Lo que pasa es las yogas y la vida están estructuradas para que el individuo se ha haga autoconsciente y es por eso que la persona sufre traumas y enfermedades de todo tipo para recapacitar, frenar y ver qué pasa. Es muy común entre la gente de treinta y pico, que tiene empresas muy exitosas y de rápida expansión, el síndrome de la fatiga crónica, desde los años ochenta. Pasa mucho, ¿eh? Pero no entre los campesinos ni entre los ancianos. Son gente de una cierta edad, porque lo emocional se ha negado totalmente, y la vida privada y personal no tiene espacio. El cuerpo le está diciendo al individuo «no te permito seguir adelante». Si es muy acusado, ni siquiera le permite pensar. Entonces el individuo está dividido en dos y no sabe qué hacer.

En un curso una persona me explicó que sufría de eso, y que había venido al Tao para buscar un remedio y seguir con su empresa. Lógicamente, hasta que no cambió de punto de vista y estuvo recapacitando no empezó a conseguir algo. En su caso le funcionó la posición de abrazar al árbol, porque le proporcionaba más vitalidad y le sacaba de una posición sentado en la que se veía como un inválido, después de tanto esfuerzo en el trabajo.

El mental trabaja con el cerebro, y éste el es consumidor de oxígeno número uno, y no produce energía; consume. Si la persona se hace muy mental, el cerebro puede ser un dictador: pide energía y está generando pensamientos todos los días hasta el momento de morir. La persona mentalizada puede llegar a un punto en que el cerebro tiraniza al resto del cuerpo. Y como el consumo de oxígeno que hace el cerebro acidifica la sangre, le quita oxígeno, el organismo se hace más rígido, más tenso lo que pasa con la acidez es que no se permite que las emociones fluyan, se expresen. Cuando uno está muy mentalizado, a nivel químico las emociones no fluyen por falta de oxígeno. Por tanto, se está afectando a todo el cuerpo y se puede convertir en un problema serio.

Claro, uno hace los cursos y no sabe que existe… hasta que se tropieza con un par de personas que les pasa eso. Recuerdo el caso de una mujer de unos cincuenta años que trabajaba en un laboratorio de productos químicos: siempre haciendo pruebas, con el microscopio… todo muy mental. Al hacer las prácticas, veía muy bien todos los colores, pero al parecer se quedaba en la visualización, no sentía nada.

Por eso muchas veces tanto tú como otras personas que enseñan cosas parecidas decís que no es importante visualizar, porque supongo que entonces te quedas en «la película», ¿no? En lugar de sentir el calorcillo, el hormigueo…

Exacto. Y el que visualiza bien, claro, tiene el camino hecho, pero hay que sentir.

Entonces, las prácticas energéticas en las que sí que se favorece la visualización, ¿qué ocurre? Porque sí, es como una muleta, una ayuda, pero te puedes quedar en sólo algo bonito…

Sí, pero lo que he visto con el tiempo es que las personas que la utilizan no logran lo que visualizan. Eso pasa, por ejemplo, con las afirmaciones positivas del tipo «soy feliz» «tengo el peso perfecto», etc. Si no se tocan las emociones, que pueden estar diciendo exactamente lo opuesto a lo que se afirma desde el mental («me odio», «no me quiero ver en el espejo»), existe un conflicto en el individuo y toda esa práctica no va a servir para nada.

Aún así, supongo que visualizar ayuda, ¿no?
Es una técnica que es parcial. Cuando nosotros hacemos la práctica del Canal Central, en la Fusión dos, si la trabajamos con energía, que sea del corazón, un «quiero» fuerte del corazón, de emoción pura, y le agregamos visualización, habrá más oportunidad de que nos funcione, porque hay un querer que cambia la energía. El querer algo es atraer hacia ti. Ese «quiero» viene de la emoción, viene del corazón, no es neutral. Para que una visualización tenga más posibilidades de lograrse tiene que haber emoción, no puede ser sólo mental, neutral. Y si la emoción escondida niega o duda lo que se está pidiendo en esa visualización va a ir mal…

Entonces hay como un «divorcio» entre cerebro y cuerpo, ¿no?

Y la parte que lo niega es inconsciente y tiene más poder que la consciente, ¿eh? El consciente está fuera y es una parte muy pequeña en relación a lo que está dentro y va hacia el infinito. Hay va a haber problemas.

Lo importante es que la persona sepa que tiene habilidades mentales, que no se sienta que tiene un defecto; al contrario. Ya hay una habilidad, que se supone que va a desarrollarse o que ya está desarrollada y que la puede utilizar para desarrollar el emocional. Y es posible que un mental desarrollado, orientado a sentir y con una intención clara, lo logre rápido.

He dado clases en sitios, como Alemania, donde venían ejecutivos de grandes empresas que pagaban un dineral por hacer el curso básico que les organizaba una academia determinada. Me invitó el director de la academia después de ver lo que hacía y decidir que aquello tendría potencial para los ejecutivos. Cuando llegué allí pensaba que aquello sería un fracaso, que aquella gente no iba a sentir nada, que eran unos materialistas nada espirituales, etc. Cuando empezamos con el programa, con la sonrisa interior, pregunté quién había sentido y todos levantaron el brazo. Qué raro. En una clase normal, de veinte personas, unas diez o doce sienten bien, otros cuantos un poquito y el resto nada. Pasó lo mismo con los sonidos curativos y con la órbita.

O sea, que habían sentido todas las prácticas…

Sí. Entonces pensé que, claro, aquella gente tiene un poder de intención muy fuerte, son rápidos de mente y cuando deciden algo lo hacen al cien por cien. Por tanto, el poder mental, el poder la intención, cuando está bien desarrollado permite sentir. Es una meta que lograr, como cualquier otra, y si el individuo se propone sentir, lo va a lograr, porque hay ese poder de enfoque.

El equilibrio es la clave. Equilibrio entre lo mental que imagina y enfoca y lo emocional que siente y percibe. Sólo así podremos profundizar realmente en las prácticas y asegurarnos de que vamos por el buen camino. Si no, ¿para qué seguir practicando?

Entrevista a Juan Li por Pere Muñoz Avellaneda

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