“El tema del logro es algo que se conoce desde la antigüedad en todas las grandes culturas, pero aquí en Occidente y en nuestra vida moderna no se define claramente, no se sabe cómo funciona o ni siquiera se conoce. Está basado en el principio de la física de que toda acción produce una reacción.”

Cuando Juan me propuso quedar para charlar sobre el logro y las acciones meritorias, reconozco que tuve una cierta sensación de dejà vu, y no por vernos en el mismo sitio, comer en el mismo restaurante o sentarnos en la misma plaza a grabar lo que sigue, sino por la recurrencia de ciertas explicaciones, términos y ejemplos que ya habían surgido meses atrás al tratar el tema del sufrimiento. Lo más curioso es que, lejos de resultarme un tema pesado o repetitivo, como sinceramente temía al principio, empecé a comprender con mayor profundidad el funcionamiento y la relación de una serie de mecanismos fundamentales para la superación personal que los antiguos descubrieron, estudiaron y aplicaron varios siglos atrás y que son de lo más práctico para nuestra existencia cotidiana y de andar por casa.

Esto es lo que aconteció.

El tema del logro es algo que se conoce desde la antigüedad en todas las grandes culturas, pero aquí en Occidente y en nuestra vida moderna no se define claramente, no se sabe cómo funciona o ni siquiera se conoce. Está basado en el principio de la física de que toda acción produce una reacción. En las prácticas energéticas del Tao se refina esto diciendo que una acción de calidad positiva produce una reacción de calidad positiva. Si, por ejemplo, salgo de casa en un estado de optimismo, alegría o algo así, estoy radiando por mi organismo esa frecuencia. Esa acción tendrá tendencia a atraer esa misma calidad. Si, por el contrario, salgo colérico, de mal humor, también es altamente posible que tenga conflicto con alguien.

Ese principio de acción y reacción está en nuestra ciencia moderna y está por todas partes. En el trabajo energético, en las prácticas energéticas ese principio de acción-reacción se ha considerado la base para el desarrollo del practicante. El énfasis está en cómo transformar las acciones negativas, basadas en emociones negativas (cólera, ira, etc…) en positivas y también en cómo neutralizar las que hemos hecho en un pasado. Ese concepto se ha estudiado muy a fondo en la cultura de la India, y muy especialmente en el Tíbet, que lo heredó de los indios, y está en esa tradición bajo un nombre, logro, que incluso se reconoce aquí en Occidente; cuando alguien hace algo muy bien recibe un premio, un trofeo… te honran, re recompensan por eso que has hecho.

Es un concepto budista que se reconoce en todas partes: recompensa por lo bien hecho y castigo por lo mal hecho. En el budismo tibetano se ha investigado a fondo durante siglos para saber cómo funciona este principio. Hay un conocimiento muy especializado de la función del logro, acciones positivas que van engendrando resultados positivos.

Una de las motivaciones que tienen muchos practicantes que acuden al Tao o a cualquier otro sistema es que quieren mejorar sus condiciones de vida; el practicante siempre está motivado por mejorar algo. Existe un descontento básico que quieren remediar, como por ejemplo, una enfermedad…

Cuando una persona hace algo virtuoso, utilizando el conjunto de las emociones positivas (que son: el amor, el cariño, la gratitud, la generosidad, el cuidado, el esmero, la compasión, la simpatía…), esa acción crea un campo energético de resultado que va a ser de similar calidad.

Juan, ¿te refieres a la energía de la compasión como suma de las virtudes?

Puede ser energía de la compasión o algo un poquito menos complicado a veces, porque la compasión quiere decir que estoy incluyendo a todo el mundo a la vez; a veces no es todo el mundo, sino sólo tú.

Bueno, no me refiero en cuanto a tipo de energía, sino en cuanto a suma de las otras.

Ah, claro, la suma de las emociones positivas es la energía de la compasión; es la síntesis.
Bueno, pues una acción virtuosa tiende a generar resultados positivos; la gente se siente bien y yo también me siento bien. Esa energía del logro tiene un nivel vibratorio. Los que investigaron todo esto descubrieron que las acciones meritorias se acumulan. Eso quiere decir que no es una energía que se disuelve en la nada cuando termino de hacer algo y al día siguiente empiezo de cero de nuevo; se ha descubierto que es acumulativa. Por tanto, si uno va actuando de manera virtuosa, se va creando un fondo que se va llenando de logros. Esa energía de logro es un cierto poder. Los tibetanos descubrieron que gracias a la acumulación de energía meritoria el yogi logra superarse; es decir, que si haces la técnica más poderosa y avanzada del mundo, esa técnica va a funcionar muy lentamente, va a tener muchos obstáculos, va a haber trabas para lograr su resultado realmente poderoso porque falta un fondo de combustible de recursos de logro.

 
A ver si lo entiendo bien. O sea, una cosa sería la perseverancia, y otra sería el «poso» éste de energía de logro. Es decir, son dos cosas que van juntas pero son diferentes…

Claro, uno puede perseverar para robar un banco… El logro es un fondo de virtud, resultados virtuosos.O sea, inviertes energéticamente en ti y en los demás…

Exactamente. Los tibetanos dicen que el practicante es capaz de lograr las cosas porque hay un fondo de logro. A la inversa es igual: si no me salen las cosas, es porque no hay ese fondo de logro.
Todo esto es muy importante saberlo porque la gente que viene a las prácticas de los sistemas que estamos dando a conocer aquí en el Occidente a veces llega con la creencia inconsciente y muy abstracta de que mi esfuerzo va a dar resultado si sigo aquí metido de cabeza; mientras más esfuerzo haga, más resultado voy a obtener. Piensan que la perseverancia es lo que va a conseguir logros.

Por eso lo he preguntado antes, porque esa idea está en el aire…

Sí. Uno nota, por ejemplo, en las clases que vienen dos personas, de la misma ciudad, y se ponen a practicar la misma técnica y una le saca un provecho increíble el primer día, y al segundo se multiplica por diez; y el otro, nada, ni después de un mes de intentarlo. ¿Y eso por qué? Ambos están perseverando. Al segundo se le podría decir que tiene «mal karma», pero la palabra «karma», que ha entrado en el lenguaje occidental, no acaba de entenderse qué implica, a veces se cree que significa castigo, debido al concepto de las tres religiones del Oriente Medio, que utilizan el concepto del castigo para regular el comportamiento del individuo de la calle: haces bien, no te castigan; haces mal, te castigan. Bajo este sistema no hay iluminación, sólo castigo o recompensa. Bueno, pues el karma no es castigo. Simplemente es actuar de una manera y producir un resultado. La energía del logro está basada en ese principio del karma: la calidad de la acción determina la calidad de la reacción. Y lo que caracteriza al logro es que es una acción virtuosa.


Entonces el logro formaría parte del karma, ¿no?

Sí, sería una rama especializada en lo virtuoso. En Oriente hay muchas historias de practicantes que se arrepienten de su pasado de malas acciones. La más conocida en el budismo tibetano es la de Milarepa, que había hecho magia negra contra enemigos de su familia, había derrumbado edificios sobre ellos, había matado a un montón de gente, había arruinado sus cosechas… Milarepa se arrepiente de todo aquello y le pide a su maestro Marpa que le enseñe las técnicas de iluminación. Este maestro, que conoce ese mecanismo del karma y del logro del que estamos hablando, no comienza a darle técnicas a Milarepa porque no tiene un fondo de méritos para poder sacarle provecho a esas técnicas. Lo que hace Marpa es poner a Milarepa a sufrir construyendo unas torres con una forma y un material especial. Cuando las acaba, le dice que no es lo que él quería, que las desmonte y lleve todas las piedras a su lugar de origen y empiece de nuevo con otras diferentes. Ese proceso se repite año tras año durante décadas. La esposa de Marpa sufre al ver cómo Milarepa se esfuerza con el cuerpo ensangrentado a cumplir con lo que ordena su maestro y trata de enseñarle en secreto, de noche y cuando ha terminado de trabajar con esas piedras. Marpa se entera, se enfurece y le pone más trabajo todavía. Llegado cierto punto el maestro considera que Milarepa con su sufrimiento ya ha quemado el karma negativo de toda aquella magia negra que hizo y a la vez ha acumulado un fondo de logro, con lo que ahora tiene suficientes recursos de su «cuenta energética» para sacarle provecho a las técnicas que aprenda.

Éste es un mecanismo desconocido realmente aquí para la gran mayoría de practicante aquí en Occidente, pues pensamos que las técnicas son las que logran las cosas, independientemente de quiénes somos. En Oriente se investigó esto más a fondo y se descubrió que no es así: hace falta cierta calidad de carácter, de acción y de acción sostenida virtuosa que cree un fondo de logros.

Ahora bien, ¿cómo es que ese tal Milarepa quemó su karma subiendo y bajando piedras? Pues parece un mecanismo bastante abstracto e indirecto, ¿no? Pues se ha descubierto que cuando se ha hecho una acción destructiva, el resultado de esa acción no es permanente. Esto es importante saberlo, porque aquí asumimos la tradición cristiana: si eres pecador, ya lo eres para siempre; si caes en el infierno, para siempre. Existe el concepto de que el resultado de una acción negativa es imposible de borrar. Los que han investigado esto a fondo, indios y tibetanos, han descubierto que es impermanente; en realidad, todo en este universo es impermanente, ¿no? Entonces, el resultado de una acción negativa se puede cambiar. ¿Cómo? Engendrando acciones meritorias.

Digamos que para equilibrar la balanza, ¿no?

Exactamente. O como dice el I Ching: «la manera de contrarrestar lo negativo es fomentando lo positivo». Entonces, pues, se va creando un mecanismo, una estructura en la cual es posible corregir comportamientos del pasado de lo que uno se sienta avergonzado o no le gusten, y en lugar de culparse o no tener autoestima, o darse latigazos psíquicos, lo que hace es proponerse corregir lo pasado, creando un programa de actos de logro: plantando árboles en la montaña desierta, recogiendo basura en las calles… algo. Empiezo un programa intenso, activo, de logros, de acciones positivas.

Hay otra manera de acelerar ese proceso, y es quemando esas karmas. ¿Cómo? Bueno, para quemar algo hace falta fuego, ¿no? Al parecer, las karmas son «inflamables», y se pueden quemar con acciones que requieran esfuerzo, porque ese esfuerzo genera calor.

Otro mecanismo, que funciona a la vez, es engendrar calor psíquico, que es el que genera a través de esfuerzo, dolor o sufrimiento. El sufrimiento puede ser que yo mismo induzca, decidiendo hacer algo que considere penoso, doloroso, y el resultado de eso que estoy haciendo lo dedico a quemar mi karma.

Perdona, ¿de manera consciente y voluntaria?–?

Ya. Lo que pasa es que, me parece, que una cosa es buscado y consciente y otra sufrido debido a otra persona… Sí, pero eso es otra historia…

Bueno, pues esa idea de que el sufrimiento quema karma negativo se ha llevado, como todo, a extremos. El ser humano siempre exagera lo bueno y lo malo. Hay practicantes de diferentes sistemas que han hecho cosas así. Aquí en Europa hubo gente que hizo el camino de Santiago cargando una cruz, arrastrando cadenas pesadísimas… mucho sufrimiento, ¿no? Casi como si alguien que no entiende ese mecanismo lo viera desde fuera y creyera que es neurótico, que el individuo se ha vuelto loco y andase con una cadena arrastrándola por el mundo.

Existe una idea, en diferentes culturas del mundo, de que el sufrimiento tiene un aspecto creativo, con un mecanismo que destruye el resultado de acciones negativas que se puedan haber hecho.
Combinando con ese principio del calor psíquico, que se crea con sufrimiento (enfermedad, esfuerzo, etc.), está el concepto de karma: el karma se puede quemar y se puede equilibrar y salir de ese ambiente realizando logros, acciones meritorias. Entonces, si he hecho algo terrible, quemo ese karma y empiezo a acumular un fondo de logro, con un sufrimiento como un peregrinaje a Santiago, por ejemplo: a pie, descalzo, sin dinero, durmiendo en cualquier sitio, sin practicar sexo… con una serie de votos, se crean condiciones tan extremas de esfuerzo y de calor psíquico, y claro, como también estoy visitando sitios sagrados, voy a la vez quemando karma y acumulando energía de logro.

Otro aspecto de la energía del logro es que multiplica su acumulación si el resultado de esa acción meritoria que se hace se dedica hacia otros. Ahora estoy actuando compasivamente, dedicándome a otros, y parece como que pierdo ese logro que he acumulado con tanto esfuerzo, pero la energía del logro dedicada a otros se multiplica, y multiplica la capacidad de acumular del individuo.


karmaEn la India y en Tíbet, y en todas las grandes culturas realmente, si uno investiga a fondo, en la aldea de uno podía haber una persona que era considerada de gran carácter: honesta, que no hace daño, bondadosa, etc. Esa persona en la India se le llama lo que aquí calificaríamos como «buena», aunque la palabra se queda corta. En sánscrito la palabra para definir el logro es punja y una persona que regularmente, cada vez que hay una oportunidad, realiza actos meritorios se llamaba punjaban, alguien que tiene un amplio fondo de energía de logro. Es de carácter impecable. Se consideraba una persona beneficiosa para la región, porque está ese principio energético de que lo que uno es, uno radia y atrae lo mismo. Y, claro, esa persona estaba en demanda: si alguien va inaugurar un negocio, quisiera que viniera una persona supervirtuosa a «bendecir» el sitio. ¿Por qué? Porque esa persona tiene un fondo de energía para lograr las cosas, y si hace una bendición o te dice «te deseo que este negocio vaya bien», ese deseo tiene un fondo energético para que se logre. La sociedad apreciaba a personas que tenían amplio fondo depunja. Y el punja no es algo con lo que uno nace, sino que lo va acumulando regulando las virtudes.

Y ¿cómo podríamos aplicar eso para, por ejemplo, mejorar el resultado de las prácticas, o simplemente, para superar conflictos personales o conseguir lo que nos propongamos?

En casos como el de un practicante que nota que, estando enfermo y habiendo aprendido varias técnicas y no le sale nada, o alguien que quiere perder de peso y no puede, o quien quiere conseguir algo y no hay manera. Aquí en Occidente se diría «no tengo suerte» o «tengo mala suerte» y se deja así, ¿no? Y eso parece irreversible o fuera de control.

Es esta charla lo que estamos aclarando es que hay maneras de cambiar esas condiciones, porque, igual que todo, no son permanentes, pueden cambiar, y uno tiene el poder para hacerlo. ¿Cómo? Activando el mecanismo del logro. Quiere decir: me voy a movilizar, voy a crear un programa personal, gradual, nada exagerado, para crear logro. Y eso se puede hacer físicamente, pero también con la manera en que pensamos, la manera en que tenemos a la gente en nuestra mente, y la manera en que controlamos nuestra mente crítica.

La persona puede comenzar conscientemente a acumular logro para dedicarlo hacia eso que quiere lograr. Y si quiere intensificar ese proceso pues tal vez hace algo que requiera un gran esfuerzo, como un peregrinaje, a pie, bajo ciertos votos, que va a generar calor psíquico, por generar esfuerzo, que además implica un cierto tipo de sufrimiento, de dolor, a veces, pero como todo esto está bajo el programa de crear logro y cambiar las condiciones en las que estoy actualmente, la persona no se siente impotente, incapaz y con mala suerte o bajo un castigo o ideas como «nací así» o «me maltrataron»…

O sea, dejar de verlo de manera determinista, irreversible…

Exactamente. Y esa personalidad de víctima no es permanente, sino que la persona tiene poder para cambiarla. Muchos de los practicantes que vienen a las clases bajo esas condiciones de víctima, una gran parte de su energía disponible está acaparada por esa fachada de víctima, un acto de víctima que hay que mantener, hay que contar la historia, buscar simpatía… Como una excusa que se ponen ellos mismos…
Claro. Y eso es una estructura que es altamente limitante. La persona realmente, a un nivel energético, está como un mendigo, un espíritu hambriento, buscando energía de otros, buscando simpatías, y mentalmente sintiéndose incapaz de cambiar las cosas porque ya pasaron; se afirma «el pasado ya pasó y no se puede cambiar»… No es verdad.

Este mecanismo del logro, del esfuerzo psíquico, de quemar karmas, es un mecanismo que el practicante contemporáneo tiene que incorporar en su estructura mental de cómo se pueden lograr las cosas, porque, vaya, la energía de los logros es la que permite superarnos, ¿no? Entonces, aprender el mecanismo de los logros es muy importante porque facilitaría las cosas, ya que no es una cuestión de azar. Este mecanismo, que en sánscrito se llama tapas, da al practicante una estructura para cambiar lo que sea. Observando resultados, si veo que no logro las cosas, pues bueno, tendré que generar más logros.

Una pregunta. Cuando dices que genera calor psíquico, ¿todo este proceso tiene que ver con el «fuego secreto» de los alquimistas, o es otra cosa?

Tiene que ver, claro, porque el fuego secreto es el poder de la intención y la perseverancia, y ahí hay fuego, calor.
¿Y ese calor de la perseverancia tendría relación con el esfuerzo? Veamos. El esfuerzo está relacionado con el sufrimiento. Muchas veces, cuando la persona oye la palabra «esfuerzo» («esto es buenísimo, funciona maravillosamente, pero te va a llevar mucho esfuerzo» o «bastante esfuerzo» o «un esfuerzo increíble»), pisa el freno o da marcha atrás. En mi experiencia personal, yo quería ir al Camino de Santiago por primera vez, en bicicleta, en un tiempo que tenía entre las clases, y tuve la fortuna de conocer a una mujer francesa especialista en el Camino que me dijo que la primera vez tenía que hacerlo a pie. Eso me lo dijo unas semanas antes de irme, y cuando oí las palabras «a pie» y después un silencio, en mi interior se hundió una piedra pesada… Empecé a investigar el por qué se me había hecho pesada la misma idea de ir a pie, cuando ya estaba tan entusiasmado con mis planes de ir en bicicleta… Bueno, a pie es esfuerzo, y claro, cuando la palabra «esfuerzo» se mete por medio muy a menudo la persona contacta con su duda o desconfianza de que su cuerpo físico o mental o emocional no es capaz. Es decir, que uno desconfía de sus propios recursos para lograr las cosas.

¿Podría ser también por pereza? ¿Está relacionado? Como diciendo: «uf, lo que tengo que hacer ahora…» Relacionado con esta idea que dices del esfuerzo, ¿eh?

Hay que buscar detrás de la pereza a ver qué hay, porque a veces puede haber algo más… Inmovilismo mental o algo así…

Sí. Porque nadie quiere fracasar. Nadie se plantea empezar el Camino de Santiago y decir «no puedo más» y volver a casa para acabarlo en coche.

Bueno, pues muy a menudo, cuando aparece el tema del esfuerzo, lo que sucede es que contactamos nuestra confianza y nuestro desconocimiento también, nuestra ignorancia de los recursos que tenemos. Lo que logra el peregrinaje a pie o una acción que sea penosa y que requiera esfuerzo sostenido, es que uno descubre por el camino los recursos que tiene de perseverancia, de fortaleza mental, emocional y física. La energía del esfuerzo, que es la que genera el calor psíquico del que estamos hablando, el tapas, es una energía que evitamos confrontar, y uno se plantea por qué, y es porque generalmente no confiamos en nuestros recursos, los desconocemos, y por eso no queremos saber de ellos.

Este esquema de quemar karmas haciendo esfuerzo puede levantar ese «espectro» de no confiar en uno mismo, ¿no? Pero hay que tener en mente que uno desconoce sus recursos, si no los ha puesto a prueba, como parte del desarrollo personal, y debe investigar a fondo hasta dónde llegan sus recursos, y la manera más rápida de hacerlo es emprendiendo un proyecto que requiera esfuerzo físico, mental y emocional sostenido, que dure varias semanas, o meses.

La práctica del peregrinaje a pie es ideal para descubrirlos.

Es una puesta a prueba…

Exacto. En el Camino de Santiago, cuando faltaban pocos días para acabar y ya se ve que todo va a acabar pronto, muchas personas se sorprendían haber logrado llegar hasta allí, de haber sido capaces de hacerlo. Lo que uno descubría al escuchar a aquella gente maravillándose es que disponían de unos recursos insospechados, y para muchos aquello era una revelación, era como encontrar a una persona que no conoce, que está dentro y que tiene habilidades extraordinarias.

Este mecanismo del que estamos hablando del calor psíquico, de quemar karmas, es el cimiento de los logros. Entonces, claro, es recomendable para practicantes que están atravesando una enfermedad, una crisis, una adicción o algo y no saben cómo quitárselo de encima, aunque tienen esa voluntad, pero no saben por dónde empezar, lo que podrían hacer es acumular logros donde uno esté y buscar urgentemente poner a prueba los recursos personales que existen, físicos, mentales, emocionales, etc. Lo más fácil acá en Europa, y especialmente aquí en España es hacer el Camino a pie, independientemente de la religión, la espiritualidad o lo que sea; sólo con la idea de caminar por un trayecto que es conocido, hay mucho apoyo y hay más personas que se están poniendo a prueba igual que tú, hay una compañía…

Es como una terapia de grupo andante…

Exactamente. En vez de caminar solo por los Pirineos, voy con un grupo que gradualmente va descubriendo día a día sus poderes personales. Resumiendo, esto sería una base para lograr cambiar cosas. Hace falta un fondo de logros, conocer los recursos personales y si uno tiene acciones negativas de las que se siente arrepentido, hay un mecanismo rapidísimo para neutralizar todo eso: a través de acciones meritorias y de calor psíquico.

Después de aquella charla, y de esta humilde trascripción, el eco de las palabras «logro», «calor psíquico», «quemar karma» o «sufrimiento» resuenan en mi mente como parte esencial de la dinámica de la existencia humana, ya que comprendiendo y practicando tales conceptos no sólo parece posible cambiar ciertas acciones del pasado que a menudo consideramos irreversibles y un eterno lastre en nuestras vidas, sino darnos cuenta de las increíbles capacidades que disponemos en nuestro interior y de que aquellos que se atreven a emprender la aventura de ponerse a prueba logran descubrirlas cual verdadero tesoro olvidado en el fondo de sí mismos. Increíble.

Entrevista a Juan Li por Pere Muñoz

 

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