En los antiguos relatos daoístas sobre la creación, se menciona que antes de que un ser encarne, hace un acuerdo con la Creación (Mente Original) sobre el propósito por el cual viene a la dimensión de los cambios.  El acuerdo consiste en que la Creación suministra todas las condiciones necesarias para que el ser logre su propósito. El individuo se compromete a trabajar con cualquier situación que la Creación presenta como necesaria. Este proceso se denomina “cumplimiento de destino”.

Para que el ser que encarna no olvide o se extravíe en el cumplimiento de su destino, la Creación coloca una semilla de sí misma en el centro del pecho de cada ser.

La semilla de luz en el centro energético del corazón es la brújula que indica la dirección a seguir para el cumplimiento de destino. Esta semilla es el Guía Interno o Maestro Interno o el Ser como lo denominaba Carl Jung. Su único propósito es ayudarnos a cumplir nuestro destino sin extraviarnos.

Los alquimistas de la antigüedad, sabiamente observaron, que “dentro de todo lo creado está la semilla de la perfección”. El Guía Interno, no es solamente la brújula espiritual, sino que a la vez es la semilla de la perfección que reside dentro de nosotros. Carl Jung observó que el Ser/Guía Interno es el que administra el proceso de auto desarrollo. Todo lo que nos ocurre, de una manera u otra, es parte del plan que el Guía Interno administra para asistirnos a encontrar el camino a seguir.

En este nivel se toma el paso imprescindible de comenzar a reconocer una autoridad superior al ego limitado y a entrar en relación intima con ella como guía del camino. La relación Guía Interno y ego positivo es la relación semilla de todas las relaciones del el trabajo energético.

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