Cuando experimentamos una herida emocional tenemos dos caminos a escoger: El camino del perdón o el camino de adoptar el papel de víctima. Un camino fortalece, el otro nos condena a una vida de remordimientos, amargo rencor y límites desagradables. Elegir el camino de no perdonar significa el elegir mantenerse indefinidamente atascado en gruesas nubes de emociones negativas de la peor calidad; no solamente en esta vida, sino en la vida de nuestra estructura familiar en generaciones por nacer. Hasta que un ser valiente de elevada conciencia encarne en la familia, con la capacidad de elegir correctamente el camino a seguir, la situación conflictiva va a seguir reapareciendo generación tras generación.

El optar por perdonar o pedir perdón, es uno de los pasos más difíciles de dar si intentamos llevarlo a cabo desde la perspectiva del ego víctima o culpable. Lo que se requiere es que hagamos la elección desde la perspectiva más elevada e ilimitada que es nuestra Mente Original-La conciencia transcendente de nuestra verdadera naturaleza.

A esta altura en nuestras prácticas, desarrollamos la capacidad de llegar al perdón incondicional y verdadero. Esta forma de perdón o de pedir perdón acelera y fortalece el proceso de la evolución personal y familiar. El perdonar o pedir perdón libera vínculos negativos que destructivamente atan no sólo a individuos, sino a familias enteras generación tras generación. Muchos de esos vínculos negativos se deben a maldiciones hechas generaciones atrás cuyas consecuencias se manifiestan como problemas de salud, relaciones difíciles, problemas mentales, crimen o suicidio.

Es una contradicción aspirar a niveles superiores cuando tenemos un montón de conflictos sin resolver que exigen perdonar o pedir perdón. En todas las familias del mundo hay muchos precedentes de injusticia, de acusar falsamente a otros, de abusar de mujeres y  niños, y de asesinar y traicionar. Hay también cantidad de maldiciones que han sido hechas en ambas direcciones, por parte de nuestro lado de la familia y por parte de los otros. Todo esto son asuntos sin resolver que nos mantienen atados a las víctimas y a los agresores. Son cuestiones kármicas  que no decaen con el tiempo, o porque se han olvidado. Cada acción genera una reacción, y cada decisión genera consecuencias (karma). Pedimos perdón y perdonamos no sólo por nosotros mismos, sino en nombre de toda la estructura familiar y de nuestro país que es la familia más extensa a la que pertenecemos.

En todo proceso de sanar, es necesario liberar los vínculos negativos que oprimen a nuestras familias.

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