Cuando la energía de la naturaleza llega a su máximo grado de expansión (verano), al sentir todo ser vivo la necesidad de confluir con la energía circundante, se activa el anhelo de distensión, relajación, descanso y cierta dispersión; para ello, el organismo, muy entrenado a tender a crear equilibrio interno, nos reclama un tiempo de descanso, de más actividades al aire libre y de distensión, y ello crea la necesidad de comer menos cantidad de alimento, comida más vegetal (frutas y verduras), más ligera (ensaladas, batidos, zumos, crudos), más acuosa y el deseo de refrescar el organismo.
Tras un breve estado de quietud (al finalizar el verano), aparece la necesidad de organizar, concentrar y crear cohesión interna. La interiorización (fuerza, firmeza, precisión) predomina sobre la exteriorización (agitación, dispersión, distensión), es el Otoño, donde la naturaleza inicia su recogimiento.

El otoño es época de descomposición y limpieza (los árboles eliminan las hojas que se descomponen en el suelo y los animales cambian el pelo y se preparan para la época fría). Es pues el momento de eliminar lo innecesario, guardar solo lo que es preciso para el invierno, es una época de evolución a través de la reducción y de la simpleza.

La mejor comida para el otoño es pues comida simple (que no cree acumulaciones, alta en granos y baja en grasas animales y alimentos industrializados), sencilla (sin mucha mezcla; un cereal completo con alguna legumbre o proteína animal simple y abundante verdura) y limpia (lo menos manipulada y tratada posible para poder dar opción a nuestro organismo a limpiar y crear equilibrio).

El otoño es época de hacer balance de nuestra existencia y de aprender de las lecciones de la vida, es el momento de dar prioridad a lo esencial; la adecuada disciplina interna y ejercicio crea fuerza y estructura y, en consecuencia, más resistencia a la enfermedad.

En el otoño se produce el encuentro entre la luz y la oscuridad, nos preparamos para mirar de frente la parte más oscura de nosotros mismos. Si estamos bien con nosotros mismos (con nuestra sombra) es época de crecimiento, si por el contrario ha habido tendencia hacia la evasión y la dispersión puede aparecer el desánimo, la depresión, una especie de “muerte interna”. En términos de salud física, si durante el verano hemos abusado de alimentos fríos (helados, refrescos, bebidas frías, etc.), el exceso de frío en nuestro organismo va a necesitar salir fuera y cuando la energía empiece a contraerse en otoño aparecerán más catarros, gripes, etc., como una necesidad del organismo de eliminar los excesos y crear equilibrio interno.

El otoño está relacionado con el elemento Metal. El Metal de la impresión de frío y dureza , sin embargo se relaciona con los minerales de la tierra que proveen sustrato y riqueza al suelo, de esta forma, el Metal está asociado a sustancia, pureza y estructura, y al igual que las piedras preciosas (gemas), el Metal es claridad mental y luz interna; lo que más obstruye la claridad mental y favorece la confusión es la mucosidad.

La secreción de mucosidad afecta principalmente a los órganos que están más activos en esta época: el pulmón y al intestino grueso. Los alimentos favorecedores de mucosidad son: los lácteos (leche, queso, yogur, mantequilla, nata y derivados), las harinas, los dulces, la bollería, los alimentos fríos y el exceso de líquidos. La flema tiende a crear acumulaciones (fibroadenomas, miomas, sebos grasa, etc.), obstruye la respiración, crea congestión y dificulta la lucidez mental, hace que los pensamientos sean más torpes y confusos.

Para armonizar con el otoño y apoyar el buen estado de los pulmones, el intestino grueso y la piel es esencial hacer una comida más seca (con menos líquidos), salada (básicamente cocinada), calentadora (evitando alimentos que enfríen) y limpia (baja en residuos) con una ligera incorporación de picantes suaves (jengibre, rabanito o mostaza).

Las verduras de raíz (zanahoria, rábano, nabo) vigorizan el intestino grueso, el kuzu – planta de raíz profunda- fortalece el intestino y el sistema linfático, mientras la raíz de lotus favorece la limpieza de los pulmones.

El cereal más adecuado es el arroz integral, la legumbre , la lenteja y el alga de mar, el alga iziki, las cocciones serán más largas y concentradas con presencia de horno y presión y el sabor que ayuda a evitar las acumulaciones va a ser el ligeramente picante.

Con una alimentación apropiada para el Otoño podemos lograr más practicidad, solidez, disciplina interna y limpieza que provea ideas inspiradoras y crecimiento de la conciencia interna, que nos permita saber lo que nos viene bien y experimentar la delicia que supone estar bien con uno/a mismo/a.

por Diego Delgado Silvera

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